LA MAGA: CUADERNOS NOTEBOOKS

AWAKEN TO THE DREAM - DESPIERTA A TUS SUEÑOS

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CASTRO, MARX Y LUIS BONAPARTE, del libro de Serge Raffy.

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Capítulo 23, La conspiración de las sandías… [De la versión al español de Castro l’Infidèle, Castro el desleal, de Serge Raffy (2003), Aguilar, 2006, pp. 272-275]

Lo tenía todo previsto, calculado y pensado como los jugadores de ajedrez. Durante las largas noches de insomnio en la sierra, dio los últimos retoques a la estrategia para abordar a “los viejos del Partido”. No les dijo todo pero los tranquilizó acerca de cuáles eran sus intenciones. No era comunista, pero pretendía instaurar el socialismo en Cuba. Carlos Rafael Rodríguez, su cómplice, sirvió de intermediario. Fabio Grobart abandonó su reserva legendaria y también intercedió para que el comité político del PSP escuchara el mensaje del nuevo héroe. [p. 271]

[. . .] Para imponer su plan, Fidel contaba con un modelo de referencia: se basó en El 18 Brumario de Luis Bonaparte, de Karl Marx, que analiza el golpe de Estado que preparó el sobrino nieto de Napoleón, el 2 de diciembre de 1851, que leyó y releyó en la cárcel de la isla de los Pinos. En su entorno se invitaba a consultar la obra del filósofo alemán con atención, puesto que contenía las claves de la técnica de Fidel Castro. Para llegar al poder, Luis Napoleón, a quien Marx consideraba un aventurero sin escrúpulos, consiguió la proeza de eludir a los grandes partidos tradicionales con la creación de un movimiento popular, la “Sociedad del 10 de diciembre”, milicia armada compuesta por pordioseros cuyo objetivo era absorber a las tropas regulares. Este movimiento se parecía mucho al M26 tal y como Castro lo concibió al principio. “En sus viajes, grupos de esta sociedad –escribía Karl Marx--, transportados en vagones de ferrocarril, tenían la misión de hacer de público improvisado, fingir entusiasmo popular y gritar “¡Viva el Emperador!”, insultar y dar palizas a los republicanos, como es natural, con la protección de la policía. Cuando regresaban a París, se encargaban de formar la vanguardia, impedir o dispersar las contramanifestaciones. La Sociedad del 10 de diciembre le pertenecía, era su obra, su pensamiento más auténtico”. En Francia, el “10 de diciembre” debía ocupar las calles y establecer una forma de control social. En Cuba, el “26 de julio” tenía que cumplir esa misión desde aquel momento. Se dedicaba a captar participantes para las grandes manifestaciones castristas, hacía las veces de policía de calle y ocupaba el terreno.

Además, según Karl Marx, la otra obra maestra de Luis Napoleón fue disolver la Asamblea Nacional el 29 de enero de 1849, con el fin de eliminar las instituciones intermedias entre él y el pueblo, representado exclusivamente por la “Sociedad del 10 de diciembre”. Ése era también el objetivo de Fidel Castro: suprimir el Parlamento cubano para dar todo el poder al ejecutivo y establecer un régimen “plebiscitario” bajo la batuta del “Movimiento 26 de julio”.

Consiguió esta proeza en sólo cinco semanas: el 7 de febrero de 1959, ante la presión de Castro y las manifestaciones populares, el gobierno de José Miró Cardona decretó la disolución de la Asamblea Nacional. Aplazó las elecciones para más adelante y promulgó una nueva constitución, que volvía a instaurar la pena de muerte e imponía la confiscación de bienes de todos los que sirvieron al régimen de Batista. A partir de ese momento Castro contó con libertad de movimientos. Se habían sentado las bases de la dictadura. En lo sucesivo, el poder ejecutivo podría dictar todas las leyes que le parecieran convenientes sin la menor oposición, pues como decía la famosa frase de Castro, “la revolución crea jurisprudencia”. Se trató de algo increíble, que a menudo se subestima: en apenas un mes, Castro eliminó todo contrapoder institucional. La única resistencia posible sólo podía proceder de la calle. Pero Castro no albergaba ningún temor en este sentido. Era inmensamente popular y el “Movimiento 26 de julio” se mantenía alerta.

Castro puso en marcha su “golpe de Estado del 18 de Brumario” en la más completa indiferencia. Al impulsar entre bastidores a los “demócratas burgueses” a ordenar la disolución del Parlamento y, por lo tanto, del poder legislativo, el Bicho consiguió sin duda una de sus hazañas menos espectaculares pero también con consecuencias políticas más importantes.

Otro vínculo que lo unía a Luis Napoleón Bonaparte consistía en que Castro se consideraba representante del pequeño campesinado, los guajiros más humildes. ¿Qué decía Marx del futuro Napoleón III? “Representaba una clase muy concreta, que era además la más numerosa en la sociedad francesa, es decir, los pequeños campesinos –concreta el filósofo alemán—[…]. Para ellos sus representantes tenía que ser al mismo tiempo señores, autoridad superior y poder gubernamental absoluto que les protegiera contra las demás clases y les enviara desde el cielo la lluvia y el buen tiempo…”. Con un siglo de distancia el parecido era asombroso. Como Luis Napoleón, Fidel también se apoyaba sobre todo en el ejército. Éste era una cuestión de honor para los campesinos, eran ellos mismos transformados en héroes que defendían la nueva forma de propiedad de cara al exterior, haciendo énfasis e la nacionalidad que acababan de adquirir, saqueando y revolucionando el mundo. El uniforme era su traje de ceremonia, loa guerra su poesía, la parcela aumentaba en su imaginación, la patria y el patriotismo eran la forma ideal del sentimiento de propiedad”. Éste es uno de los textos fundacionales del castrismo, que nunca se ha estudiado de verdad como tal. Revela que Castro era marxista-leninista de inspiración “bonapartista”. Sin ningún género de dudas, el Líder Máximo era cien veces más marxista que los venerables dirigentes del Partido Comunista cubano. Efectivamente, por emplear la jerga comunista, analizaba una “situación objetiva” en función de la “fase de desarrollo de las fuerzas productivas”. De modo que, en las reuniones de Cojimar, los viejos caciques del Partido se quedaron impresionados por la cultura política de Castro, que puso de manifiesto su domino de la historia del comunismo y su ideología. Consiguió convencerlos de la especificidad cubana, de la semejanza entre la “fase de desarrollo” de la sociedad francesa de mediados del siglo XIX y la de Cuba en pleno siglo XX. [p. 275]

 

Last Updated on Friday, 26 September 2014 15:52