LA MAGA: CUADERNOS NOTEBOOKS

AWAKEN TO THE DREAM - DESPIERTA A TUS SUEÑOS

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POR LOS CAMINOS DE LA MAGA...ITINERARIOS (NOTAS DE CAMINO)

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POR LOS CAMINOS DE LA MAGA… ITINERARIOS (NOTAS DE CAMINO)

…entre La Habana y Nueva York, o entre París y Buenos Aires…entre México y París…o entre la Habana y México…París, Nueva York, San Francisco, Nueva Orleans, Miami... Toronto, Chicago, Detroit, Kansas City, Los Angeles…llegando al Paso, Ciudad Juárez, Chihuahua: una epifánica mañana de invierno…chihuahuense y habanero y vallesano:

Lugares donde fui a dar. Lugares donde te quedaste,

de los que no volviste. Lugares del regreso

Imposible.

Que no están en ninguna parte y que se han convertido

de alguna forma, en mi hogar.

Patrias de mi alma. Cubas de mi corazón.

Camas en las que dormí una sola noche.

Lugares por los que pasé sin enterarme,

que ya no volverán.

Porque aunque yo vuelva, ellos ya no están.

Aun cuando yo volviera. Cómo puede volver el que ya

no es…aquél que se fue, incluso cuando

el sitio del encuentro fuera el mismo,

cuando la calle estuviera ´´igualitica´´

cuando no le hubieran cambiado el nombre…

Como yo que ya no llevo el mismo nombre porque no me

queda –cuando lo oigo como que no me suena.

Aunque sea el mismo nombre, la misma ciudad: ya no nos

quedan, y hay que seguir de viaje hasta lograr

el verdadero nombre que mejor nos queda.

* * *

La esquizofrenia cultural del ser errante. El mundo moderno como lugar del destierro para grandes mayorías. Espiritualmente, física y concretamente. La tragedia del exilio. Las raíces del ser humano compartidas entre el cielo y la tierra. Simone Weil: la "ciudad" contra la "nación" …el cuerpo real de las cosas, de los lugares y sus gentes, en vez de las abstracciones que componen a la nación –estado. Tal cual intuye J.E. Pacheco cuando dice: "No amo mi Patria. Su fulgor abstracto/ es inasible. Pero (aunque suene mal) daría la vida/por diez lugares suyos, ciertas gentes,/puertos, bosques de pinos, fortalezas,/una ciudad deshecha, monstruosa,/ varias figuras de su historia,/montañas,/ (y tres o cuatro ríos)".

El "patriotismo" descentralizado y esparcido alrededor del globo, compartiendo un mismo cielo, un mismo sol; la luna contándonos el mismo viejo y siempre recurrente cuento fiel a sí mismo, al que lo cuenta, y al que lo escucha por primera… o por última...

vez.

CONVOCATORIA

Seguir aquellos sucesos ahora con la distancia

que siempre nos separará de por medio y que sólo

la verdad está llamada a salvar.

Por encima del tiempo, de las ausencias—

o del modo peculiar en que un rayo de sol tiende a

proyectarse contra un muro— que triunfe ese puente

(metaxu) capaz de reunirnos del mismo lado de las

nubes: padre mío, hermano mío, compañero…

* * *

Desde Chihuahua, a Dorothy Hill,

Ozland: Campo de los Girasoles, Ruta 1, Kansas

Querida Dorothy,

Esta mañana crucé –por fin—el Río Grande. Creo que de todos los seres en el mundo que me han conocido, eres tú quizá la única que pueda apreciar en su justa medida el importe cabal de ese ´´por fin´´. Igualmente, todo lo que significa, en términos de mi ´´destino personal´´ (de mi karma) cruzar ese simbólico Rubicón que durante tanto tiempo me separara de mi ´´tierra original´´ (o, para ser más exacta, de una de sus varias manifestaciones).

Tengo que confesar que el "paso"que tuve que dar para pasar del Paso a Ciudad Juárez me resultó más "brinco" que "paso". Aunque de nuevo, para ser exacta, no es precisamente en las márgenes del Río Grande que se efectúa el deslinde de las culturas –de los mundos-- sino mucho antes y de forma insidiosa, gradual. Pero sí es allí –al cruce de los límites dictados un poco por la topografía, mucho más por las convenciones que los ejércitos y demás aparatos estatales garantizan.. que se declara de forma categórica y perentoria el pasaje de una "realidad" a otra "realidad".

Si El Paso es ya una ciudad cuya pobreza acusa su "latinidad" --un Harlem en ruinas—Ciudad Juárez es el más fehaciente testimonio de la creciente miseria de los pueblos que se quedaron –por así decirlo—a las márgenes del Coloso del Norte y cuya cadavérica existencia acusa la proximidad de tan hipertrofiado, por no decir canceroso, crecimiento. Ahora pienso que mis experiencias de esta mañana han sido paradigmáticas del complejo, como desequilibrado, carácter de esta ´´marginada´´ civilización que desde chica penetró en mí, para mi dicha como para mi desgracia, pues ella –de alguna forma que quizá nunca acertaré a comprender-- me obliga en la misma medida en que me atrae y repele. De ahí sin duda su potencial obsesionante y el carácter de inevitabilidad, de "destino" justamente, que el presente viaje iría cobrando en mi vida a lo largo de estos años que hemos compartido, de alguna forma u otra, a veces de más cerca, a veces de más lejos.

Mi exit de Ozland me resultó mucho más difícil de lo que jamás hubiera imaginado. Sólo tú, de mis amigos allí, comprendía la necesidad de emprender la jornada, el proceso interno mediante el cual un primer desarraigo involuntario, quizá, accidental, lanza al ser en busca de raíces hacia una obsesiva sucesión de desarraigos cuyo objeto no sería otro que el de lograr un gradual acercamiento al suelo original: una repatriación física y espiritual que, mediante esa misma lógica del destierro --inherente al deseo de revivir aquel verde paraíso tan celebrado por Baudelaire-- nos condena a repetir de forma indefinida la tragedia del ancestral Adán exiliado de su primera y última patria edénica: la que más cuenta al final para los grandes buscadores de paraíso aquí en la tierra. Esa patria original que es el Reino de lo Amado, nuestro ensueño.

Pero, como quizá sólo tú de todos mis entrañables compañeros de Ozland muy bien sabes, este viaje es el resultado de una búsqueda múltiple que atañe en igual medida a las necesidades del cuerpo y a las necesidades del alma. Y si, para satisfacer las de nuestra alma, a veces viajamos, o si, incluso a pesar de crueles necesidades, nos negamos a desarraigarnos, esto sin duda será porque las necesidades del alma también son terrestres y que no sólo del alma vive el alma sino también del cuerpo, lenguaje vivo del espíritu.

Pero, te decía que las experiencias de mi pasaje esta mañana de una frontera a otra muy bien podrían parecer paradigmáticas de lo que más amo como de lo que más detesto en este enrevesado palimpsesto de culturas que resulta ser Old Mexico…

Para empezar, creo que llegué a la frontera prácticamente de un solo tiro…por así decirlo. Hice escala en el panhandle tejano, junto a una pequeña estación de gasolina que descollaba, en medio de la sorprendente planicie, como singular tributo a la triste desaparición del jinete solitario. Un eternizado Jim ..largucho, con sombra de las cinco de la tarde, cincuentón y sonriente (y, por el brillo de sus ojos, ligeramente erotizado ante la aparición de esta especie de llanera solitaria à la Ford) surgió de la polvorosa covacha donde sin duda dormitaba las horas entre un servicio y otro. Una ola de incertidumbre que muy bien pudo haberse trocado en pavor me invadió en medio de aquel fulgurante y como cristalino atardecer de semidesértico invierno, ante tanta extensión solitaria y la presencia de un ser cuya intimidad intuí de inmediato tan bonachona como violenta. Percibí en él curiosidad, en ningún momento respeto…"Viene de lejos, de muy lejos". Mis placas, como recordarás, proceden de un lugar más remoto que Kansas, aún…

"¿Qué andas haciendo por aquí, eh, nena…tan sola, eh… Estás segura de que no te va a hacer falta una compañía…Je, je, je…No me quieres llevar contigo, eh…Para que te cuide del frío…"

Se rió de buen humor, como para quitarle al momento cualquier viso siniestro que pudiera asustarme más de la cuenta. Se había aletargado contra el carro mientras le inyectaba a la vieja camioneta el "semen viril" de su colosal príapo mecánico manejado con sugestiva destreza. Hablaba quizá tan sólo por llenar algo del inmenso vacío que nos rodeaba y que pareció como hincharse entre ambos con cada una de las desafortunadas frases. Aunque me hacía pis no me animé a ir al baño; lo observaba detenidamente, de lejos, sin contestar más que por algún huraño monosílabo y un leve rictus de sonrisa dictada por el deseo de apaciguar a las Furias en medio de aquella despoblada planicie, ahora violentamente roja, calcando al vivo el clásico gas pump. En un momento menos incómodo habría considerado tomar unas de esas fotos de las que tanto gustan a Bob: el vaquero sin caballo y sin sombrero alimentando con su gigantesca "pistola" aquella bien cuidada superestrella de Detroit –insaciable devoradora del oro negro sobre el cual el desértico rumbo había dormido desde los más remotos tiempos.

Y yo allí, pillada entre un cierto pasado y un "por cierto muy incierto" futuro, rodeada de la geométrica configuración del pandhandle (rectangular sobre el mapa y perfectamente circular desde adentro) en mis overoles y Adidas (precioso instrumento de fuga) y el pañuelito mexicano domesticador de mi female glory y ese sensacional poncho de rallitas multicolores que por fin logré que me dejaras unos meses (tan sólo por unos meses, ya sé, y a cambio del mío negro y azul y plata importado hace cien años de Chile) –no sé yo que estampa calcaríamos junto a aquel simbólico conjunto digno del más significativo realismo surrealista.

En el momento de extraer de las "entrañas" de "La Poderosa" el metálico instrumento que minutos antes introdujera, con suspicaz sonrisa en el "vientre" de mi fiel compañera de viaje --mi cuaconona sin par-- el Jim, con ademán de "tú te lo pierdes" volteó sus caderas hacia donde me encontraba yo de pie: bajo el desgastado producto de Lévi-Strauss y Cia., el luengo instrumento de aquel vaquero pasado a menos canturreaba su vieja canción de cowboy errante y solitario.

"You a school teacher? Uhú…Figures…" [¿Maestra?…Ajá…Ya yo me decía…] Tras lo cual me apresuré a meterme en el carro antes de pagarle, y ya no quise hacer –de mi parte—ninguna pregunta que pudiera darle a entender al sujeto en cuestión lo despistada que andaba yo por aquella interminable planicie del Oeste.

[Hasta la p. 3 de la carta a "Dorothy" desde Chihuahua, seguida de entradas del diario a partir del último día de enero, lunes, de 1977: "Primer día de jornada…", pp. 4-9 del ms. ]

Febrero 2. El inspector de aduanas. [pp. 10 a 17 del ms.]

Después del desayuno y de conseguir un seguro automovilístico por seis meses con la agencia Sanborn´s me dirigí a las oficinas de inmigración que debían abrirme las puertas de aquel mundo hacia el cual una especie de urgencia interna me viene arrastrando. Allí presenté la documentación –visa por un año para entradas múltiples al país—que el vice-cónsul mexicano de Kansas City, amigo de amigos, tan solícitamente me expidiera días antes: ´´Como te vas con tu carro, vas a llevar bastante equipaje además y virtualmente residirás durante tiempo prolongado en lugar fijo, conviene que tengas un documento que te facilite entradas y salidas y que te identifique plenamente…´´ Así llegué hasta el mostrador donde debía presentar los papeles con todo en orden y resuelto de antemano.

Era la única persona que solicitaba atención y calladamente esperé a que el oficial de turno terminara su larga plática con la novia en el teléfono. Pensé que tan pronto colgara se me acercaría pero dio media vuelta y se fue a echar una broma con un ´´un cuate´´ de la oficina que recién llegaba. Entonces me aventuré a preguntar si no sería posible que por favor se me atendiera unos momentos solamente para poder seguir de viaje. El sujeto me miró por encima de los espejuelos con desagrado:

´´Qué, no se puede esperar, no ve que estoy ocupado´´.

´´Justamente, es que yo no lo veo tan ocupado que digamos y ya llevo rato esperando´´.

´´¡Ay, Chihuahua, ni de almorzar le dan tiempo a uno!´´ y volteándose hacia el que llegaba: ´´¿Y tú ya almorzaste? Yo ni el desayuno y mira ya que hora es…´´ se lamentó antes de volverse hacia mi con una expresión de resentimiento en la mirada que hubiera podido decirse ancestral. Por fin, resignándose, extendió la mano para recibir los documentos a la par que le asestaba un manotazo al mostrador. Ojeó brevemente el papel que le había extendido junto con el pasaporte gringo, se rascó la cabeza y con una expresión de profundo desagrado, impacientándose ante el esfuerzo de tener que aplicar su atención a algo ligeramente fuera de lo usual, preguntó: ´´A ver, a ver…Pero, ¿y este documento qué es?´´

´´Es una visa de turista por un año para entradas múltiples… señor´´.

Se fue hasta un escritorio y buscó en un libro… Por fin lo cerró. De nuevo se me acercó y me miró fijamente sin el más leve viso de simpatía:

´´Bueno, pero usted…¿qué es lo que viene a hacer aquí? me soltó de forma brutal.

Ni modo que me estuviera confundiendo con una vil meretriz, aunque cualquiera que lo hubiera oído habría pensado que el sujeto invasor proveniente del despiadado norte no podía tener nada más honesto en mente que el de explotar a los pobres varones incautos habitantes del inmaculado territorio que él, como oficial de inmigración, tenía la obligación de proteger de esta rapaz fletera de caminos. Contuve mi rabia y mi desconcierto ante su esmerada falta de tacto.

´´He rentado una casa durante unos meses en el estado de México mientras estudio y escribo el resultado de mis investigaciones…señor´´.

´´¡Ay! Estas mujeres intelectuales cómo me purgan!… Pero dice aquí que usted nació en Cuba….Bueno, por lo menos debe saber bailar bastante bien, ¿verdad que sí? Tras lo cual, irrumpió en un movimiento de hombros y de caderas que mimaba, ente otras cosas, una rumba callejera. Al mismo tiempo, de sus ojos se desprendió como un chasquido de atiza- velas que hizo que el tipo me cayera peor aún que antes. Entonces, mientras me expedía otro documento que debía acompañar al que ya yo traía, disertó a sus anchas sobre el ´´problema Castro´´ que obviamente conocía tan sólo por intermedio de algún que otro amigo exiliado. [Editando, observo que esto lo escribí casi diez años antes de por fin llegar a La Habana, lo cual ocurrió veintiséis años después de mi salida, y que en esta época aun me negaba a creer que todo pudiera andar tan mal en Cuba como creían, o preferían creer, en Miami. ]

´´De veras que echaron a perder el país…Tan linda que era La Habana con sus pachangotas, Jé,Jé, Jé…´´ dice meneando los hombros y las caderas. ´´¿Verdad cubanita?´´

´´Por cierto…Pero, pues, yo ya hace muchos años que no la veo, así que no puedo decirle a ciencia cierta si está mejor o peor ahora que cuando la dejé… Entre dos sistemas de propaganda antagónico, difícil es saber de qué lado cojea la mona…Ver para saber´´

En este punto ya casi se hacía mi amigo, me miraba con cierta simpatía y me lo perdonaba todo. Por poco y me sonríe, pero se aguanta y me habla menos recio. ´´Bueno, aquí tiene toda la documentación. Me dijo que traía carro, ¿verdad? De modo que pase ahora a donde está aquel bigotudo allí mirándonos con la sonrisota y él se ocupará de darle esa documentación y lo que necesita para pasar la inspección aduanal….Yo ya me voy a almorzar. ¡Tengo un hambre!´´

´´Bueno, gracias y que le aproveche…´´ (hijo de la gran puta).

Me acerqué al otro mostrador…´´A ver cubanita, ven… Déjame ver tu licencia de circulación…. A ver…¡Ay, caray de veras que no aparenta Ud. tener tantos abriles! ¿¡Cuál es su secreto!?

´´Vivo sola sin tener que estar aguantando a un machín que me esté friega que friega…¡ése es mi secreto!´´

´´¡UYUYUY…! Una de esas mujeres liberadas, eh…. ¿Y, no se le antoja de vez en cuando una compañía?´´

´´A veces…Sólo que no cometo la equivocación de cargar con ella…´´

´´¡Ay, Chihuaha, y yo que ya le iba a proponer matrimonio!…Ni modo, yo me lo pierdo, ¿verdad?´´

´´Usted lo ha dicho, no yo…´´ Nos reímos bonachonamente los dos y por lo menos logré salir de aquel mal paso en ´´El Paso´´ con una sonrisa en los labios. ´´Ahora le mando a un inspector para que le haga la revisión a su vehículo´´.

Afuera, una vez más (ya como se dice estoy del otro lado, me digo con exacerbada expectación) el sol bañaba el ambiente de un viso tenuemente azul. Ya estaba casi al lado de ´´La Poderosa´´ cuando, al voltearme hacia atrás, vi que un señor corpulento, de edad avanzada y en traje militar, me seguía en compañía de un adolescente. Reconocí que se trataba del inspector de aduanas y, casi bailando de júbilo, corrí hacia él.

Nos detuvimos a medio camino entre las oficinas de donde recién salíamos los dos y la camioneta repleta de utensilios de cocina, sábanas, toallas, cobijas, almohadas, ropa, libros, libretas de apunte, máquina de escribir…

´´¿Es usted el inspector?´´

´´Sí. Es ésa su camioneta?´´

´´Sí…pero, sabe…bueno, la verdad es que traigo unas cuántas cosas…´´

Me miró fijamente a los ojos. Tenía cataratas en uno de ellos y le faltaban unos cuantos de los larguísimos dientes de modo que su lengua, al pronunciar, emitía ocasionalmente un leve chasquido que venía a acentuar de forma peculiar su frase. Sonrió:

´´Bueno, no se preocupe…Vamos a ver de qué se trata…´´

Caminamos juntos hacia la Mercury, una waiyín ya entrada en añitos pero muy cómoda y funcional y en buenas condiciones, como la dueña…Ya a su lado me pidió que le abriera la puerta trasera: ´´¿Qué efectos eléctricos trae?´´

´´Solamente mi máquina de escribir y una grabadora. Además traigo mi máquina fotográfica. Lo demás casi todo son efectos personales de uso también…´´

´´¿Qué trae aquí?´´

´´´Ropa, sábanas, toallas…Es que renté una casa y la dueña me dijo que me haría falta traer esas cosas…´´

´´Muy bien…´´ Entonces vio la caja con los libros y oí que preguntaba con cierto interés: ´´¿Usted estudia?´´ El tono de la pregunta connotaba algo así como, ´´tal parecería que usted realmente estudia…´´

´´Pues sí, todo el tiempo…´´ lancé yo con esa marca de auto-satisfacción de la cual sólo una recién doctorada sería capaz.

Al oir mi respuesta, sacó el torso del vehículo y se enderezó. Tenía el pelo largo, lacio y canoso y su rostro, cetrino, mostraba los rasgos reciamente perfilados de las razas norteñas. Con un gesto inquisitivo de la portentosa cabeza me invitó a mayores explicaciones: ´´Y qué es lo que usted estudia?´´

No sabía a ciencia cierta si en el fondo tan sólo se reía un poco de mí; sin embargo, no capté ningún acento que pudiera indicar menosprecio o falta de respeto sino sincero interés, por lo cual me abandoné gustosa a enumerar todas las ´´disciplinas´´ hacia las que mi geminiana predisposición me había conducido a través de los años.

´´Oh, pues yo estudio de todo…o casi todo. De veras, es que todo me interesa, sabe… la filosofía, que lo comprende todo: psicología, antropología, teología, historia, arte, literatura….las ciencias naturales, claro está, y…´´

No me dio tiempo a confesarle mi poca suerte con las matemáticas pues, con una intensidad de propósito que lograría dejarme como en suspenso durante el resto de la jornada, aquel singular inspector de aduanas prosiguió a informarme de cuánto más abajo dejo apuntado para la posteridad:

´´Todo eso está muy bien, pero usted debe acordarse siempre de que todo lo que usted sabe no vale absolutamente nada –no le sirve a usted ni a más nadie para nada si usted no vive de acuerdo con su conocimiento. El énfasis sobre el ´´vive´´ fue expansivo y nítidamente enunciado. ´´Es decir, si usted no actúa de acuerdo con lo que usted conoce. Y de todos esos conocimientos, como de todo lo que la religión –o las religiones—puedan enseñarle, lo único que realmente cuenta saber es….(aquí se me acercó un poco más como si fuera a decirme un secreto, aunque no bajara la voz por ello)…el Misterio de la Santísima Trinidad. Si usted comprende que la Trinidad a lo que se refiere es a lo que no tiene principio ni fin, eso es realmente todo lo que usted necesita saber´´.

Terminando de decir esto, se me plantó al lado, hombro con hombro, aunque el de él sobresalía sobre el mío varias pulgadas o muchos centímetros, y alzando los brazos largos y poderosos, con tres dedos como flechas que apuntaban en dirección de un cielo prodigiosamente nítido, explicó: ´´Mire, mire usted: Pasado. Presente. Futuro´´, enumeró con cada uno de los tres dedos. Con la otra mano unió esos tres dedos como flechas en el aire y mantuvo por unos instantes el puño firme alzado que unía pasado, presente, futuro…´´son sólo uno: UNO, la Trinidad, sin principio ni fin…la Eternidad…Todos los tiempo son co-existentes…es ése el significado del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Todos los tiempos en Uno… La Eternidad. Pero, para llegar ahí ---para poder conquistar esa eternidad, a veces hay que dejarlo todo en el camino. A Dios se llega, pero se llega gimiendo, de rodillas gimiendo y gimiendo es como se llega.

´´El ser humano es criatura divina. Todo le es posible. No se imagina usted hasta dónde puede llegar esta criatura. Uno puede convertirse en otra cosa, ser uno con las demás cosas, y con las demás criaturas. Hasta se puede usted convertir en otro ser, en otros seres. Adoptar su visión , su sensibilidad´´. Se detuvo como dudando si debía proseguir, si no pensaría yo que estaba él loco, o si me asustaría con tan descomunales proposiciones. Yo lo escuchaba sin poder dar crédito, no a lo que me decía en sí, sino a que este señor realmente estuviera frente a mi diciéndome todo aquello, como un ser que hubiera llegado viajando de otro planeta exclusivamente para hablarme a mí, al oído, en esta hora que marcaba como un deslinde para mí y que era igualmente el resultado de tantos cambios desgarradores, hora a la cual había llegado en verdad, gimiendo y gimiendo (aunque la expresión no dejara de desagradarme un tanto…). Yo sólo atinaba a decir que sí con la cabeza a todo lo que me iba diciendo, de forma vigorosa para que mi interlocutor no fuera a cohibirse antes de tiempo. Siguió disertando, por lo tanto, aunque ya un poco más pausadamente:

´´Pero, en fin, ésas son cosas a las que algunos llegan. No todos. Para poder andar por ese camino es necesario ir dejando muchas cosas. A veces, para llegar a Dios, hay que dejarlo todo detrás…Irse deshaciendo de muchas cosas, de mucho peso que nos estorba y que no nos permite llegar a dónde sentimos que debemos llegar´´.

Aquí al fin me atreví a hacer una pregunta pues me asaltó la preocupación de que si yo realmente quería llegar tan lejos como éste y otros maestros sugerían ser posible para un ser dispuesto a deshacerse de todo en esta vida, aquella carga que venía yo arrastrando no fuera a impedirme llegar a la divina meta en cuestión. (Si me dice que sí, me preguntaba para mis adentros, qué hago….¿lo dejo todo aquí sin más?) Para mi gran alivio en esos momentos, me aseguró que no era tal carga la que debía preocuparme:

´´No, eso que lleva ahí…unos cuantos libros y trastes no es lo que le va a estorbar en su camino. No, porque de pronto pues hay ciertas cosas que usted necesita para su propio trabajo, que a fuerzas tiene usted que disponer de ellas. No, eso no es de lo que usted necesita resguardarse. Con lo que sí hay que tener mucho cuidado es con Luzbel. Con ése sí que hay que ser muy sigiloso….Aguzada con ése porque ése siempre está en todas partes esperando la más leve oportunidad para brincarle al pastel y restregarle la cara a uno en su porquería. Es ave de rapiña y quiere que todos coman de la misma podredumbre de la que se nutre él, de la misma gusanera….A ése lo que le gusta es hacerse de más y de más y de más…. acumular…. A-CU-MU-LAR´´. Sus brazos abarcaron todo el espacio circundante con un movimiento circular cadencioso y repetitivo que mimaba el clásico gesto del avaro acumulador. ´´Igual que los griegos y que la Iglesia con su Papa en Roma. Lo único que querían era acumular y acumular, reunir….Dividen para poder ellos hacerse de todo. Igual que los de Roma: a ésos lo único que les interesa es congregar, acumular, reunir, controlar. Lo mismito que le encanta a Luzbel. Mucho ojo con ése porque ése sí que siempre está alerta, buscando, buscando por dónde meterse, tanteándole su punto débil a uno, para atacar y apoderarse de lo que sólo debe pertenecer a Dios.

´´Así que a usted no puede bastarle con estudiar –con acumular muchos conocimientos. Lo que importa para Ud. es vivir sus conocimientos, no dejarlo en papeles: ¡eso así no sirve para nada! De qué sirve saber mucho si no actuamos en consecuencia con ese saber…

´´Los caminos, al principio, son difíciles….Después ya no tanto…´´ Su voz al decirme esto se tornó sumamente tierna y segura al mismo tiempo que mantenía su impecable dicción….Abrió la puerta de la camioneta dando por concluida la revisión que su asistente había terminado de llevar a cabo mientras él se demoraba conmigo, y me invitó a resumir mi puesto tras el volante.

´´¿Viaja sola, sí…? Mejor. Ésa es la mejor forma. Así es más fácil´´.

Antes de volver a montar en el carro quise ofrecerle una propina, pero protestó contra tal sugerencia de forma vehemente….´´No…cómo va usted a darme nada a mí….Yo no puedo aceptar nada….´´ Entonces se acordó del muchachito y, señalándolo con la cabeza declaró: ´´a él sí puede ud. darle algo, si quiere. El sí lo necesita y no es el responsable así que no hay daño. ¡Vaya con Dios!´´

Sólo quienes hayan tenido la oportunidad de tratar con inspectores aduanales en México podrán apreciar cuán inaudita resulta esta real y verdadera historia de Indias surrealista.

* * *

(Sin fecha, se refiere a eventos de la primera semana de febrero de 1977)

Querida Dorothy,

Lo que siguió a mi encuentro con el venerable inspector fue un viaje sin precedentes a través de uno de los lugares más sobrenaturalmente hermosos de nuestro planeta.

Viajé durante varias horas por parajes tan solitarios como majestuosos en su desnudez primaria. El estado de entusiasmo (en theus/zeus=dios) en que me dejara mi encuentro con el genial personaje, unido al convencimiento de haber finalmente penetrado el imantado territorio objeto de mi peregrinaje, la luminosidad "preternatural" de tan epifánica mañana --de invierno: en aquel semi-desértico territorio chihuahuense, contribuyeron a crear en mí un estado de elevación comparable al de aquellas tan raras como preciocísimas comuniones que llegamos a disfrutar algunas veces por los arquetípicos Campos del Girasol en compañía de nuestros entrañables hermanos buscadores asiduos del "camino que tiene corazón" (y así como he llegado a identificarte a ti con la Dorothy del Mago de Oz, cuando pienso en los demás me acuerdo con alegría y ternura del Hombre de Latón que lloraba y lloraba porque no tenía corazón, y del León que encontró su valor a base de vencer el miedo, y del Espantapájaros que tan ingeniosamente los guiara a todos hasta conquistar su derecho a ser considerado muy sesudo por tener, al fin, en su posesión un diploma que le otorgaba el floreado título de doctor en filosofía´´.

El resto de mis experiencia de viaje te la entrego tal cual las he venido apuntando en mi diario pues sé que las puedo compartir contigo como si fueramos una sola persona. Ya que no sé cuándo podré extraer de ellas la substantifique moelle –esa rica sustancia o médula central de lo vivido que sólo la memoria afectiva logra extraer de la experiencia bruta a lo largo de muchas estaciones, recurro al expediente de fotocopiar mis apuntes inmediatos tal cual. Perdona pues, algunas imperfecciones de estilo, redundancias y non sequiturs –descosidos—que inevitablemente resultarán de tal procedimiento. Nota editorial: Los pasajes elaborados con posterioridad han sido intercalados entre los demás documentos de Los Cuadernos con el propósito de amenizar y de enriquecer la lectura al establecerse esa dialéctica pasado, presente, futuro cuya expansividad debería llevar hacia aquella explosión de los significados al cual se refiere Lévi-Strauss en Tristes Tropiques:

A medida que el hombre se mueve dentro de su cuadro mental e histórico, va cargando consigo todas las posiciones que ya ha ido ocupando y aquéllas que ocupará. Está en todos lados al mismo tiempo: es toda una multitud que surge hacia delante y que constantemente recapitula toda una serie de previas etapas. Pues vivimos en varios mundos cada cual más verdadero que este otro mundo dentro de él incluido y él mismo falso en relación al que habrá de comprenderlo a él. Algunos de estos mundos los conocemos a través de la acción; otros son vividos por medio del pensamiento –pero la aparente contradicción que resulta de su coexistencia se resuelve en la obligación que sentimos de otorgarle un significado al más reciente y negar a los más lejanos; cuando la verdad existe en una progresiva dilatación del significado, pero en sentido inverso, hasta el punto donde éste explota.

De igual forma, ese controvertido "hechicero transcultural" al que debemos que esta Maga pudiera un buen día encontrarse, platicar, y apreciar plenamente el especial mensaje de aquel "San Pedro" aduanero magistralmente surgido de ninguna parte (y casi podría decirse que con el específico objeto de otorgarle a la entrada de ella en el país una buena medida de "justicia poética"), ha señalado a sus asiduos lectores su idea sobre la posi2bilidad de lograr una explosión comparable de los significados mediante un procedimiento que consiste en exponer al "aprendiz de brujo a un "rutinario cambio de rutinas". El neófito, así, mediante bruscas y sostenidas desubicaciones ambientales y drásticos y sistemáticos cambios en sus hábitos de vida, al cabo de una ascesis prolongada y en el pleno ejercicio de varios tipos de disciplina, accede a una reestructuración psíquica o nerviosa que le permite –gracias a la acumulación de la energía vital o del ´´poder´´ resultante de dichas disciplinas—entrar en otros ámbitos de la realidad, desprender su ´´doble´´ --el mágico doble que cada cual lleva en sí, al menos en potencia, y que vivirá, o morirá, para siempre tras los umbrales de la muerte. La lección que se desprenderá de tan sorprendente ´´desdoblamiento´´ es que ´´no somos objetos´´, cosa poco menos que imposible de hacerle comprender a la mentalidad burguesa por excelencia, la misma que Marx critica con razón aun sufriendo sin saberlo del mismo error de perspectiva que el resto de la civilización que lo formó, y en cuyas garras quedaría atrapado: pues sólo por medio de un error fundamental de perspectiva el ser humano, que es sujeto, quedaría transformado en objeto y lo que es objeto, como la máquina, acabaría por ocupar el lugar del sujeto. Pero, más de esto en otro lado. (Referencia básica: Simone Weil sobre el marxismo, en la Antología Profesión de fe, www.institutosimoneweil.net.)

Por lo demás, me adhiero a la metodología de George Simmel citada por Carlos en su primer libro: “nada más puede intentarse que establecer el principio y la dirección de un camino infinitamente largo. Pretender cualquier totalización sistemática y definitiva sería, al menos, un autoengaño. La perfección puede aquí ser lograda por el estudiante individual sólo en el sentido subjetivo de que éste comunica todo cuanto ha podido ver”. Para cumplir con tal tarea el itinerario de La Maga no puede seguir otro curso como no sea el de un ir y venir –un regresar para volverse a ir—por los caminos de la Memoria a medida que el movimiento del brazo extendido sobre el papel y el lápiz apoyándose sobre éste bajo la presión de los dedos marca el compás de pulsaciones surgidas en recónditos pliegos de la psiquis, secretadas por alguna intención que las trasciende en su inmediatez y que sólo el infatigable canto a lo largo de los días y de las páginas revelará a quienes, pacientes, la sigan en su esperanzado acecho de encuentros.

[REVISADO EL 23 DE MAYO DE 2002]

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Last Updated on Thursday, 13 March 2014 17:36