LA MAGA: CUADERNOS NOTEBOOKS

AWAKEN TO THE DREAM - DESPIERTA A TUS SUEÑOS

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PRÓLOGO: DESPEGUE 2 (p 20-29)

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Despegue 2:

El “golpe de dados” y los eventos del martes, 8 de septiembre de 1998.

El día ya va de salida y es hora de abordar el más pequeño, barato taxi que pueda detener, con la esperanza de llegar a la estación de camiones a tiempo aún para el de las cuatro de la tarde. Pero el tráfico está en su mero punto y el taxista resulta tan platicador como la mayoría --al menos en lo que a ella respecta (aunque, hablando correctamente ahora tengo que referirme a “mí” siendo que la sincronía de eventos a los que estoy a punto de referirme acaban de sucederme justo antes de ponerme a escribir). Fue como si los “dados” --en mi nomenclatura, la combinación de textos que estoy teniendo que escoger del montón acumulado a través de los años-- hubieran caído sobre la mesa, disparados en todas las direcciones, añadiendo su propia selección de elementos aparte de los que ya me disponía a compartir desde mi “viejo ser”. Muy segura de mi selección y de lo que seguiría a continuación estaba ya, cuando, de pronto, uno de los dados hace una pirueta frente a mis narices, proyectando su sonrisa de perfección desde la rodilla hasta el corazón.

“Quiere usted decir que hoy y no mañana es el día de la Virgen de la Caridad del Cobre?” exclamo extasiada ante mis renovadas esperanzas.

“Sí. Yo lo sé porque acabo de encender una vela ante su imagen bien temprano esta mañana”, me responde el taxista.

“Una vela amarilla?” le digo, con pleno conocimiento. A lo cual responde con una sonrisa de infinito deleite. “Sí. Por supuesto. Una vela amarilla era... Pero me sorprende tantísimo escucharla mencionar su nombre...”

“No... No es de sorprenderse. A lo mejor viene siendo éste su modo de darle a usted las gracias por sus pensamientos, por su gesto, igual que podría tratarse de otro gesto suyo para conmigo indicándome que Ella estará siempre a mi lado mientras mis pensamientos no se desvíen de la importancia de Su trabajo... Un santero que me leyó los caracoles” --cuyo uso es algo así como la revelación de una placa de rayos-X espiritual-- “me dijo que Ella a cada rato se apodera de mí, sobre todo mientras duermo --así que a lo mejor es ésta su forma de darle las gracias a usted también...”

El deleite del sujeto no pudo ser mayor al confesarle yo todo esto, y se pone a contarme sin más sobre sus planes para obtener un rancho, sobre los animales que criaría --venado y codorniz y a lo mejor avestruces, también-- y cómo es que estaba ahorrando para comprarlo... “Más vale que compre dólares”, le advierto. “Ah no, sí… tengo unos cuantos...” (Pero por cuánto tiempo, me pregunto yo...dándole una afectuosa palmadita al rollo de pesos dentro de mi mochila...)

“Pues déjeme que le cuente lo que pienso yo que hizo ella hoy por mí”, sigo contándole: “Durante los últimos siete meses he pasado por este mismísimo edificio a dos puertas de donde normalmente me quedo cuando vengo al Defe. A dos puertas, fíjese. Setenta veces en siete meses, o el doble de veces incluso, he pasado frente a la puerta de este instituto de lenguas que ahora me entero ha estado ahí, en ese lugar, durante los últimos treinta cinco años. Pero por alguna razón, o varias razones combinadas, nunca hasta hoy por la mañana había tenido yo la iniciativa de entrar en ese lugar que podía ser quizá fuente de empleo. Me refiero a trabajo que me pague para poder sostenerme a mí misma y a quienes dependen de mí --visto que trabajo siempre va a haber, ¡te llegue o no la quincena! Y, alabado sea Dios, dicen que podrían tenerme todo el que vaya a necesitar. Así que, a mí, me ha hecho Ella lo que se llama un verdadero milagro hoy. O, milagro de milagros. Qué mejor modo de agradecerme --tanto como he sacrificado para poder seguir cantando sus alabanzas, incluso cuando pocos prestaban atención, si es que alguien algunas vez lo hizo. Realmente me ha bendecido en este su día, doblemente su día, pues al mismo tiempo de ser el de la Caridad del Cobre, también es martes, día en que se celebra a Ochún (aparte de los sábados que comparte con Yemayá: esto todo lo sé por una mujer llamada Lydia Cabrera). Martes septiembre ocho. Dos veces su día en un solo día y con doble suerte para mí en este el día de Ella: Ochún--Yeyé--Cari!”

El tráfico seguía en su mero punto y ya me iba dando cuenta de que no alcanzaría el camión de las cuatro, por lo que corría el riesgo de llegar demasiado tarde al mercado para comprarle a la Virgen sus girasoles, sus rosas amarillas, los dulces, miel y chocolates que a ella le encantan y las veladoras color ámbar como las almendras. Transportados más allá del momento por nuestras afinidades, hablamos del más reciente sueño de mi “comadre” sobre la ciudad que ambas conociéramos en nuestra niñez y adolescencia. Comencé a hacerle este cuento tan pronto me preguntara él si pensaba regresar a vivir en La Habana algún día.

“Bueno, yo a decir verdad ya no estaba considerando nada de eso, realmente; pero fíjese que mi comadre, que no hace mucho anduvo por allá de visita, me cuenta que hace unas noches soñó muy vívidamente que ambas estábamos viviendo allí en la misma La Habana. Dice que, mientras bajaba a pie por la avenida donde, hasta la fecha, se encuentra el Hotel Sevilla, el famoso Prado, que de pronto había empezado a oír la música más celestial que pueda imaginarse llegándole desde el hotel. La melodía se la llevaba volando entre sus alas y se sintió a sí misma deslizarse fluidamente hasta el lugar donde un pianista negro ejecutaba de forma magistral dentro del viejo hotel. Sus dedos, no obstante, jamás tocaban las teclas sino que parecían deslizarse suavemente una pulgada por encima del teclado. Pero la música fluía y fluía... Ella se emocionó tanto con su ejecución, que nos llamó por teléfono a mí y a otra mujer amiga de ella quien también, según el sueño, se encontraba viviendo en La Habana. Pero una vez que estuvimos en el lugar al que fuéramos convocadas, nos percatamos de que no había ni música ni pianista.

“--Dónde está el negro con el piano?” nos quejamos. Parece que mi comadre se había dejado llevar por un fantasma que sólo ella podía ver y escuchar. Y, sabe, pienso que se le puede encontrar una moral al cuento. Ciertamente se aplica a la noción suya de comenzar a manejar una agencia de publicidad en la Habana --una especie de sirena de alarma para mí también. Si se toman en cuenta mis propias fantasías. Pero lo extraordinario es que según su sueño de ella, yo vivía en una magnífica casa en el Vedado, un detalle que me picó la curiosidad.

“--Y esta casa ¿ tenía un domo azul?” le pregunté, como si ya supiera cuál iba a ser la respuesta. Concentrándose en el sueño entonces me contestó:

“--Si, tienes razón, la casa tenía un domo azul y arcos, jardines rodeados de una reja de fierro negro, muy pesada y alta”.

Los movimientos de sus brazos y manos describían espacios que yo había conocido en mi niñez: “Se parece al edificio que soñaba yo con restaurar, donde me imaginé hace años que echaba a andar aquella escuela durante tantos años figurada ¿recuerdas?... de todos los edificios en donde asistí a la escuela, el que más amaba yo. Así que, quién sabe, le sigo diciendo al taxista: “Puede suceder lo que menos se imagina una. Pero la parte sobre el pianista fantasma y su música muy bien podría enfocarse como un “augurio”. No me sorprendería, si, a pesar de todas mis dudas, no acabara yo por encontrarme de nuevo viviendo allí (de tiempo parcial, como casi todo en la actualidad) --en el corazón de la ciudad misma donde nací, séptima generación cubana, décimo tercera floridana, por lo menos (de San Agustín, la más vieja ciudad de los Estados Unidos), nieta y bisnieta de mambises (nuestros “libertadores” del “yugo español”...) ...´´

Y ahí voy dándole y dándole, tal cual seguramente hará cualquier cubano a partir del instante en que le den pie para echarse a cabalgar sobre el tema de su patria original. Como si algo de eso importara a estas alturas --lo cual, con toda probabilidad, “ya ni qué...” , viendo que todo tiempo, colorín-colorao, tiene que terminar --más tarde o más temprano.

Viajando bajo la más reciente versión del Diluvio, que caía a todo dar, recuerdo haber leído que, por motivos que algunos sociólogos han hecho notar --ni me acuerdo ya a efecto de qué-- las mujeres latinas en los Estados Unidos desarrollan un sentido muy poderoso de su “linaje”. Me imagino que, cuando se ha estado con la nariz metida en el fango, la tendencia será hacia asirse a la memoria de un tiempo cuando una se sentía contar para algo: ser “hija de algo”. Una vez, y un lugar, cuando sabías a qué y a quién pertenecías, y qué era “lo tuyo”... conciente de dónde venías y, por tanto, de a dónde se suponía que debías ir, cómo había una de comportarse....cuáles los deberes propios y cuáles los ajenos y, en general -- y por igual-- lo que podía esperarse de los demás: si es que semejante tiempo realmente existió alguna vez y no resulta a estas alturas sino el vestigio de una nostalgia por todo lo que alguna vez creímos conocer y ser.

Por fin hemos llegado a la estación de autobuses, cinco minutos demasiado tarde para el camión de las 4:00 pero con suficiente tiempo para despacharle a mi estómago el primer bocado del día. “Prenderé una veladora por su rancho”, le prometo. Me da su número de teléfono, por si en alguna ocasión necesito de sus servicios... “Sólo que: ¡no vaya a soltar esos dólares!”, le digo... sabiendo muy bien que, de cualquier forma, la inflación siempre permanece por delante de la devaluación del peso y que la tierra es varias veces más cara en dólares ahora de lo que lo era hace veinte años, vista la devaluación del propio dólar en relación a sí mismo (pero, reflexiono, para los efectos de su deseo de adquirir tierra, la “deflación” bien podría resultar en su favor). Sonríe espléndidamente él, confiadamente, deseándome todo la suerte del mundo, lo cual quiere decir, todo el trabajo que pueda yo asumir. [¡Rezo porque, a pesar de mis consejos, el buen hombre haya logrado hacerse de su ranchito y poblarlo como un Arca de Noé!]

Ya en la cafetería de la estación, una muy presentable señora de ochenta y dos años, quien ha estado vigilando mis pertenencias mientras voy por mis chilaquiles, me reta a adivinar su edad. Sesenta y cinco, respondo, no queriendo exagerar en ninguna dirección... Sonríe muy contenta de sí tras confesar su “secreto”, felicitándome entonces con profunda emoción por los milagros de la Virgen para conmigo en ese su día tan especial. Qué mayor ni mejor “milagro” que el haber encontrado, si quiera, la promesa de trabajo, me dice con pleno conocimiento de causa. “Usted que aún es joven”, añade, mientras me voy sintiendo brillar como bandeja de plata al oír a alguien llamarme “joven”, “y tan llena de fe, usted tiene lo que se dice: el mundo ante sus pies”. Sí, de eso no hay duda, me digo, tal cual sólo ayer, en mi propia mente, no me quedaba futuro alguno y el pasado parecía prácticamente muerto. Dead.

Compartimos una cerveza y nos ponemos a emitir juicios sobre la actualidad mundial, dos dulces damas implícitamente confiadas en la Virgen y netamente intransigentes con los políticos: No hay futuro sin presente, ni presente sin pasado. Pero por el amor de Dios, dejemos de sacrificar el presente por el insustentable, inimaginable, incontrolable “paraíso futuro”.

Se sucedería una demora adicional por fallas mecánicas durante el camino de forma tal que, para cuando logré llegar al colonial pueblo montañés, el mercado ya había cerrado. Por lo que al final del día arribaría con las manos vacías hasta el pie de mi cama donde la efigie de la Virgen de la Caridad, pintada años atrás como parte de una “devoción”, se alza sobre la cabecera. Prendiendo la única veladora a la mano, y algún incienso que quedaba, le agradezco su forma tan sencilla de dejarme saber que lo que ella pretende de mí es, ante todo, lo que los demás rara vez pueden ofrecerle --un testimonio de su infinita mirada sobre nuestras almas, la habilidad de interpretar su canción, de expresarla:

“--Y entonces, porque al fin comienzo de nuevo, una vez más, y heme aquí plantada y andando sobre el camino, me entregas tus bendiciones: cuando, antes, ninguna cantidad de velas, de incienso, de girasoles, de yerbas o de duraznos, de chocolates, ni de monedas de oro, ni de bailes ni plegarias, ni de sacrificios ni limpias propiciaban tu gracia... Solos mis esfuerzos concretos por dar una versión precisa de tu Presencia podía atraer sobre ésta tu sirvienta tan sencilla muestra de amor, salvando para mí, en este día, y en esta era, ¡la semilla de nuestra fe!”

De pie una vez más ante la imagen de la Virgen diligentemente copiada a partir de una estampita que el joven babalao de la Isla me diera tres años atrás, no me percataría en aquel momento de que mi propio reflejo coincidía perfectamente con el de la imagen que yo había realizado, esperanzada, en vibrantes acuarelas --azul marino con destellos de oro en su manto, las olas enfurecidas cerca de las cabezas de los tres pescadores hincados en aquel maltrecho botecito, los ojos en gesto de imploración vueltos hacia la providencial figura radiantemente suspendida sobre sus cabezas en medio de la amedrantadora tormenta.

Un par de días más tarde, orando de pie directamente ante la gloriosa imagen solemnemente inspirada en un momento de crisis y desesperanza, presta ya a atacar el teclado con una nueva versión de la vieja rapsodia que difícilmente hubiera podido ya ignorar, la maravillosa “coincidencia” de mi reflejo superpuesto al de ella sobre el cristal que protege su imagen me sorprendió, justo cuando las palabras una vez más saldrían de mi boca (pero de quién, finalmente, podrían ser semejantes palabras, siendo que, en aquel momento, la identidad del “vehículo” se ha desvanecido):

Que el que hable escuche primero.

Al Papa que deje de hablar en mi nombre

mientras no me escuche bien...[[1]Comentario editorial]

Postcriptum al Postcriptum, febrero 3, 2002. En resumen, La Maga jamás llegaría a recibir ningún “trabajo” por parte de quienes, en aquel instituto, le prometieran toneladas de lo mismo. Así, pues, aquel 8 de septiembre cuando le daba las gracias a la Virgen por el milagro de haber encontrado trabajo, el prospecto que la inundara de felicidad resultaría no más que un esperanzador espejismo que se iría desvaneciendo día tras día. No obstante lo cual, la inmediata consolación producto de semejante espejismo resultó milagrosa en sí.

Mantener la fe es algo que, finalmente, escogemos hacer: ¡Así de lejos va nuestra libertad! Hasta el último instante, Dios respeta nuestra libertad fundamental, siendo que es ella el prerrequisito de todo Amor. El guiño no obliga: es sólo una invitación.

¡No tan “terrible libertad” después de todo, Jean-Paul Sartre, si, como dices en alguna parte “la libertad es lo que uno hace con lo que le han hecho a uno”!

Entre tanto, desde la redacción del Prólogo en inglés y su penúltima revisión, lo inconmensurable continúa desenvolviéndose y los eventos de aquel día en el Malecón van cobrando una dimensión insospechada que aún no alcanzo a evaluar.

FINIS del Prólogo a Los Cuadernos de la Maga.

[Revisión de febrero 8, 2008, última vista del 19 de nov. del 2011.]


[[1] Comentario editorial] Varios materiales relacionados pueden añadirse aquí o enviarse al Apéndice que podría seguir a la parte narrativa de la obra; por ejemplo: mi artículo de enero del '97 enviado a El Nuevo Herald durante la visita del Papa a Cuba, donde se describe el escenario propicio para una reconciliación simbólica de la nación cubana, seguido inmediatamente por la respuesta de Ramoncito Mestre, semanas después, asegurándome que el artículo sería considerado para la publicación (¿en el próximo siglo?). Este incidente, entre muchos otros, no es sino parte de la saga de mis, hasta ahora, inútiles esfuerzos por inyectarle alguna coherencia al debate público en torno a ciertas nociones como la de la “nacionalidad”, los partidos políticos, el aborto, la guerra y la paz, las “drogas” etc...Y, por su puesto, sobre la necesidad de adoptar un nuevo modelo ciudadano. En Apéndice o como referencia al sitio de Mamadoc en la Red, la Respuesta guadalupana en tres partes “Carta abierta al Papa”, “Consejos de la Virgen en el día del amor y la amistad” y “Propuestas guadalupanas”. Trabajos relacionados en www.institutosimoneweil.net

Last Updated on Thursday, 13 March 2014 17:19