LA MAGA: CUADERNOS NOTEBOOKS

AWAKEN TO THE DREAM - DESPIERTA A TUS SUEÑOS

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EL SENO INFINITO I: TERRITORIOS RECUPERADOS

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Vienes desde muy lejos,
  
                              
 
desde otro tiempo

cuando el sol se alegraba con

tu pelo y el aire arrullaba un

pensamiento entre dos cuerpos

sin sombra: Tu gracia conjugada

con la mía.

Queda al fin el silencio de un cielo des-

poblado y que te añora

como cuando nuestro encuentro dibujaba

sobre el cristal de la ventana

una sola gran criatura blanca

y éramos, en el firmamento

-–aguas, ramas—

la imagen nupcial que se dilata

emblema universal de lo soñado.

Corazón que ya no siento,

sola mi sombra queda en el fondo del cristal

quebrado, cruelmente multiplicado.

Regreso ahora por el amplio camino del recuerdo.

Sopla el viento.

Detroit, Otoño de 1970

Me están matando

aquí, en este país

en esta ciudad

en este siglo

en este día.

Que no es de amigos

tratar de vivir, tratar de

seguir siendo más o menos

claros, dulces, honrados

como el agua mansa que refleja el cielo.

Más o menos puros

como nos soñaron.

Que no es de amigos tratar de

Seguir siendo como nos parieron:

en este día

en este siglo

en esta ciudad

en este país.

Verano, 1972, Hyde Park, Detroit.

A O. Paz:

Prolongación de una mirada.

He enterrado los pies en mi pequeña porción de eternidad,

Hermano Octavio,

Y la mirada que me devuelve el día

(todo aquí hoy es azul, iluminado, quieto

como un marginal bostezo del cielo)

Trae clavada una herida en la pupila...

No dudo que sea verdad tanta belleza, pero al fin

Ella en mí se interroga, buscando tras los ojos que

La miran, el recuerdo de otros ojos que la añoran:

Aquéllos, desmesurados, por los que el niño de

Biafra indaga –confiado, aún sonriente ante la cámara—

El destino que le fuera preparado.

Sobre la universal pantalla de nuestra tecnología

La descomunal mirada alucinada: exige perpetuarse,

Encuentra asilo, en ésta en que se empaña ahora

La cuajante claridad del mediodía.

Hyde Park, Detroit, Michigan, octubre, 1972

Nunca nada será igual

todo ha cambiado. Y nada.

Cuando esperamos lo mejor ha pasado,

Y ni siquiera nos dimos cuenta.

Y todo ha sido en vano pues

--no lo quisimos, no lo supimos--

(¡si es que se puede!)

detener el vuelo: allí, en ese momento,

cuando la palabra al fin se rinde a la

evidencia, y el silencio traza las huellas del

albatros inmóvil, planeando sobre un punto que

solo él conoce, quedamente suspendido entre

cielo y mar

mar y cielo.

Detroit, Palmer Woods, julio 27, 1973

Como un lobo hambriento mi corazón deshecho

Mordiendo acero

Lo inhóspito del horizonte plagado por

Tu ausencia

Como un largo suspiro entre las ramas

De nuestro invierno fiero

Vuelven los ojos ya sobre el estrago

A buscar lo verdadero –

El marco azul de un infinito,

Pálido recuerdo del primero.

Puerto Rico, abril de 1972


Quién soy

Una mujer rodeada de libros

Una mujer aislada en la palabra

Viviendo en la palabra

Diciéndose a si misma un mundo que

no alcanza, que se escapa, que se le

pierde a cada instante, en la palabra

--un mundo hecho de pausas

entre tanta palabra maniatada.

La lengua de su infancia

pobremente recoge la soledad del día.

Un día inconsecuente como es dar las gracias

resumido en el paisaje de una ventana.

Paisaje repetido y que no ama,

que ha visto prolongarse año tras año

sin que cobrara sentido

la luz de la mañana.

Hyde Park, Detroit, verano de 1972


Igual que la luz por el cristal, el amor que va de Dios hacia Dios, se filtra a través del alma humana.

La belleza es esa sonrisa de ternura que Cristo le envía a la criatura por medio de la materia. Dios como objeto de amor es la luz y el alma humana es el ojo, órgano de visión. Ese es el órgano del yo. Pero cuando el yo se ha borrado, sin que el órgano pierda su virtud, el alma se hace órgano de la visión de Dios. El espíritu es esa visión.

(Simone Weil)

Qué es el espíritu si no

esta flor cuyo infinito centro

desentraña mi infinita

entraña hasta su centro...

Qué es el espíritu si no

este centro que se extiende y

se concentra en cada cosa

cada punto un centro,

cada centro punto de otro centro --el

primer y único centro de mi adentro cuajado,

horizonte abierto. Qué es el espíritu si no

ese horizonte traspasado y que se cierne

alrededor de un punto muerto, mi

comienzo—de un comienzo que es mi

muerte sobrepuesta, de esta

vida que es abismo ilimitado.

Qué es el espíritu si no:

este palpitar que me persigue y que me

alcanza en la palma de la mano,

en la hoja que se seca,

en el pétalo apretado de mi suerte

--eternizado eco de una nube que se aleja:

todo esto que se mueve y que me mueve y

donde muero

para comenzar de nuevo

en el instante.

Detroit, Michigan, 1973

Mucha lucha en esta vida y en la otra

mucha lucha para nada y en la de aquél

tal cual me ves y en la de todos.

Alguna vez, uno de éstos se detiene

y mira y se hace una pregunta

muy callada

--la misma que venimos formulando,

cuando solitariamente nos miramos las manos,

como extrañados,

los desterrados de siempre.

Y volvemos a la fila y empujamos el arado

pero inconsolables siempre nos salimos al

costado, deteniéndose la frente sobre las

flores de antaño, tratando de desprenderles

el aroma de aquel prado, donde cruzaba

silente, entre todas, el rebaño,

bajo un cielo más intenso,

diríase aterciopelado,

Sin que las cosas llevasen

Un nombre que las fijase

--y todas juntamente cantaban sus temas,

y todas en concierto mudaban de esquema,

ciegas al contorno de sus inusitadas muecas

o extasiadas riendo ante el propio reflejo

que, suspirantes, les devolvían nuestros

fieles espejos.

Y éramos todos quizá, quién lo sabe,

en aquél aún --si es que hubo ese entonces

dorado--

y éramos todos quizá desde siempre

Eso que, extrañados, tú y yo interrogamos

cuando, solitarios, nos miramos las manos.

Detroit, Palmer Woods, junio 1973

Sartre me decía que yo no podía ser sino…

haciendo. Y en este no-hacer al que

voy sucumbiendo, me estoy extendiendo,

me veo ya siendo sin hacer,

sin hacer siendo,

eso que las gotas del rocío van regando en la

alborada

--el tenue tremolar del verdor en mi ventana

--el frescor de la tierra húmeda en que se

bañan tus ramas accediendo a la

mañana.

Detroit, Julio 20/73

Sentido de no sentir

Este zapato ya

que me aprieta la muñeca

este ir y venir

de mis esperas

estas ramas que se

alejan

que son tientos ya sin

rienda.

El día se desdobla cuando

llega el mediodía

Y despierta mi agonía que se

vierte sobre tejas.

Recuerdo al fin tu llegada como

Murmullo de abejas.

Tu sola entrada

Multiplicada.

Tu única partida

Repetida.

Principio perenne

Amplificado

De mi estar sin estar en ello

De mi andar a tientas desvestida

A cuestas con este sentir

Que no tiene ya sentido.

Lawrence, Kansas, marzo 31, 1976

Florida enero…

Anacaradas superficies contra el

despejado cielo violentamente

azul, agudizándose más aún allí

donde pincha la espigada palma

infinitamente hasta mi centro.

El cielo nunca dice nada.

El cielo aquí se mira en mi mirada

y me lleva lejos, muy lejos,

hasta donde estoy sentada.

Suaves se entretejen:

iba bebiendo el aire,

filtrando el viento,

soltando aves,

iba lujuriándose entera

por la mañana clara y

suave. Todo cae en sí

de repente.

Miami, enero de 1975

Si es que no muero en París con aguacero,

Algún jueves, moriré en Huautla un domingo de

Resurrección. Moriré de cara al cielo

Y la lluvia será de plata ligera sobre mi seno.

Más tarde escucharé su rítmico lenguaje crecerse y

apaciguarse mientras duermo. Entre sueños saludaré

al Ché, a Vallejo, y a otros miembros de mi épica privada,

hasta escuchar la misma Tu Voz de entonces que me

llama. Despertaré sin miedo. Entre sueños sen-

tiré tu sonoro canto callado soplar a lo largo de todo mi

cuerpo-ya-no-más-mi-cuerpo.

Me hundiré en tu mirada sin fronteras

y la lluvia caerá cálida, como rostro vivo de noche serena

sobre mis penas. Me bañarás en tu semen de almendras,

suave consejo de tu seno donde todo pace quietamente y en

silencio, remanso de dicha sin memorias ni quejas,

Amantísimo Verbo del más dulce de los recuerdos ya

Devuelto…

Zinoviev, nombre viejo cuyo significado

Se me ha ido olvidando a medida que me

Olvido de la historia, lenguaje inventado por

Los hombres para defenderse de su

Muerte.

En el reino de lo inmediato

Las palabras asumen un sentido diferente...

Quiebran, se hacen transparentes, y

Entre los intersticios del concepto se a-

soma lo indeterminado.

Y hablo ahora

Como en un sueño que se sueña sin palabras

O entre voces confusas que se apagan,

donde lo concreto al fin vive liberado, eterno,

informe en sus perfectas, inusitadas dimensiones:

Es el Reino de la Amado,

Vértigo de dicha que me atrapa...

Y me olvido de la historia.

Shreveport, Luisiana, 1979

A la memoria de Simone Weil:

Metaxus (Puente)

Los hombres llegan hambrientos de carne.

Conocerán la suya al final de la jornada.

No le cantéis al viento: El trabajo es

Duro y la vida breve. El trabajo es duro...

Para lo poco que dura la “larga vida dura”.

Pero no siempre serán llantos, y en esta

Prisión un ciego escucha su llamado: le

Llega por la misma vía que de él lo separa

--su tacto un muro, pero también el puente.

Del otro lado, estas manos sienten los

Colores de un viento que no miente.

Valle de Bravo, 1981

Honeymoon Blues: Luna de miel, luna de hiel”.

Hoy, después de una noche blanca,

sin escape,

Llego al país desde el cual ya no

se canta,

Y veo que todo sigue igual allá,

del otro lado,

Donde chisporrotean los pájaros

en corto vuelo mañanero,

y las abejas al sol se desperezan

y las montañas, inmóviles, se des-

prenden de su velo de niebla.

El sol teje su impasible nitidez y la vierte, unánime,

Contra mi ventana: Pero yo quedo aquí,

de este lado,

en este país desde el que ya no se canta,

Contando las horas tras el último

sueño deshecho,

Viendo pasar a la cándida Doña Esperanza

Perdidamente enamorada del Siniestro

Don Reloj.

Valle de Bravo, 1981

Lamento para escarmiento de solteras: ("¡Te lo dije!...")

Este hombre, decididamente, nunca leerá na-

da que yo escriba: Ni una carta, ni una cuenta,

ni el clásico "te estuve esperando pero ya me fui".

Nació para mí... quiero decir, para mi suplicio y

para mis noches más olvidadas de las letras,

del poema inacabado, del proyecto ontológico supremo.

Una madrugada en ciudad México me dijo:

"¡Ay... Tú te debiste llamar Encarnación!” Si no fue

esa noche, fue otra, parecida, que me preñó. Ahora, los

llevo aquí dentro pero él se niega a hacerme el jugo de

naranja por la mañana si yo no le pego un botón...

aunque cargo con otro como él que me está chupando

los huesos, y mi premio Nobel ya se quedó para la próxima

reencarnación. Porque en ésta, de plano, me parece que

la regué y tendré que empezar de nuevo, con otro Karma y

mejor disposición para el papel de Sor Juana, de Santa

Teresa, o de Mistral (quien a lo mejor, de boba, se hubiera

querido en mi lugar --por aquello de que no pudo tener

hijos). Si me concentro bien, para la próxima, lograré hacer

mi debut en este mundo con tremenda envergadura de

macho. Porque las mujeres, como quiera que se mire,

llegamos al mundo tal cual salimos: jodidas, y eso,

sin importar la época: un coño es un coño es un coño...

(lo que igual quiso decir Gertrude Stein con su

“a rose is a rose is a rose”…)

Ahora mis amigos me agitan el dedo índice de lejos, en gesto de "Te lo dije", pero ya casi ni se acercan: Saben que por mucho que me defendí y por mucho que protesté, acabé por caer en la suprema trampa --que yo misma me la tendí, como pendeja de raza, que lo que se hereda no se hurta...

Hay quienes alegan que las malas palabras no

caben en un poema, como no sea una un Ezra Pound

(sing goddamn damn!). Así que esto no será un poema.

Pero, cómo ser mujer y no cultivar con esmero y refinamiento,

incluso, cada recoveco de la mala palabra:

¡Qué viva la mala palabra, palabra de maldición --que no soy

poeta maldito, no, sino mujer y por mujer maldita, al fin! Pues

tanto gimió María de placer aquella madrugada

que de la cumbre de su placer brotó otro Jesús con alas de

Lucifer, Jesús- Dionisio, presto como siempre a amachinarse

a cuantas Marías hijas de María se dejan prender y meter

en cinta de cinturón –esclavas del ajeno quehacer,

de la plancha y del ajo y del remendón; de los vómitos y

de las agruras de los nuevos vástagos

"herederos de la patria".

Sois cual os queréis, Narciso.

Por eso, tu realidad tan sólo es reflejo, puro mirage: Maya.

Así nos dejamos atrapar, navegando por el cauce de una

mirada que alguna madrugada nos dijo,

"¡Ay, tú debiste llamarte Encarnación".

Y soñamos con reencarnar el misterio de la

Santísima Trinidad (si la solución no brota de nuestro

cerebro, saldrá de nuestro vientre, María) y

volvemos --ya consumado el acto supremo,

bien sellado el encargo,

a la cocina, al Vel Rosita, al "metate" o al "pilón",

viendo que la poesía se nos queda para alguna

mañana de frustrado abandono e insoslayable comezón,

con trazas de woman's lib y copete dominical: poesía doméstica

(por no decir de doméstica) dirán. O de "mucama".

De mujer que hace la cama.

Es lo que alguna vez me dijiste, madre,

cuando yo aún no comprendía,

que "el amor es una trampa",

hasta que llegó el macho cabrón

--tan como si no lo quisiera--

a interrumpirme la inspiración. Y ella,

la madre sufrida, madre del

desmadre, con su "pobrecita" y con su

“te lo dije", acabó por aceptar

ser vieja a los cuarenta y anciana a los sesenta,

inútil y endeble por afición, o por

huevona fundamental, con aquello de:

"¡Es que lo que una hace en una casa no se ve,

eso no cuenta!". Te quejas y con razón:

entonces, por qué te aferras a

jugarnos el papel y prendes velas porque tus hijas

encuentren "un hombre que las quiera".

Ahora estarás contenta

--la miseria siempre quiere compañía--

ya que tus plegarias del desvelo han sido complacidas,

maldición, y me tienes cual me querías, en tu misma

condición, rendida y sumisa al medio día, comiendo sin

hambre o aguantándome hasta la hora del hambre de mi

"señor"... todo por servir de servicial compañera al macho enamorado del papalote y del caballito y de la emoción de su

trabajo, de su función de hombre chingón que espera ser

amado, del diario, según la tradición... y, en lo nocturno,

de cualquier forma a ras de ella --con chillidos a sazón de

almohadas-bajo-caderas y piernas-de-Maratón...

Por qué, si me lo pude coger a mi manera,

fui a "probarle que le amaba" a la manera de él,

puro soborno y manipulación --por muy tierna y des-

mesurada que la noche fuera, y por mucho que él me dijera

que me quería encarnación, y que ahora me bese mucho,

mucho la panza, pancita, panzota grandota,

y que aún así nos encontremos entre las sábanas con más

frescor que en el comienzo.

Por mucho que cada mañana,

antes de la hora de las naranjas y del botón,

yo me pregunte, anestesiada de caricias, por qué tuve que vivir

tantas vidas ...cómo pude, sin su amor.

Valle de Bravo, 1981

A la autora de “La circunstancia pesa”::

La circunstancia pasa

Y ahora tú, con tu habitual desmesura, me muestras todos tus dientes,

más blancos después de la semanita en Veracruz "con los niños, sí, pero

qué cambio de am-bi-ance" y, seguido, la otra de cinco días y cuatro noches

"y sólo quince mil pesos" en el Princess. LLegas rozagante,

energizada por el Pacífico y ¡dispuesta a comerte el mundo!

Por unos momentos el patio de Clara se nos hace más claro

y suenan los "claros clarines" de una segura y triunfante "¡revolución!"

Me reprochas mi falta de optimismo, mis maniqueas elucubraciones sobre

el inminente triunfo de la demencia total:

"Vete a Miami unos días y verás cómo te cambia el pa-no- ra-ma".

"Sí, pero con qué... además: ¡la ‘re-vo-lu-ci-ón’ no se va a hacer

ni desde el Princess ni desde Miami!”

Me muerdo la lengua pero, ya lo he dicho y, ahora,

vas a pensar que te envidio tus muy merecidas vacaciones, cuando

si algo pudiera reprocharte es el mes que he pasado sin que pudiéramos hablar de…

¡Poesía!

Después pienso que, además, mis nervios están sufriendo por una

mal aconsejada "dieta de los carbohidratos" que empieza con café negro en

ayuno todos los días: fatal combinación capaz de agriar el humor más apacible,

según dictamen de un sabio acupunturista de los que frecuenta Eleonor.

"Me han caído diez años encima con esta dieta", suspiro.

Tú, todavía algo airosa después de mi maltraída condescendencia, sugieres que

“mi presente amargura y fúnebre disposición” no es sino el resultado de una

"cada día más severa falta de li- qui-dez".

Reconozco para mis adentros que ésa es sin duda la más certera explicación de mi

agonía... Pero, hay algo más, y protesto:

"¡Es que no veo ya cómo podremos salvarnos de acabar nosotros también, todos,

de cómplices del genocidio sistemático!’’

"¡Ay: Parece mentira que estés diciendo tamañas idioteces!" me reprochas,

fingiendo ya un poco la exasperación. A lo cual me apresuro a asegurarte que

--por lo que me han dicho-- es muy posible que a poca distancia de este

"bellísimo lago rodeado de briagos por todas partes"

exista un campamento con tres mil ejidatarios a quienes mantienen detenidos

para que no salgan a buscar trabajo porque no los quieren en ninguna parte,

"y si eso no suena a campo de concentración..."

Entonces tú, dispuesta ya a asumir tu libertad exis-ten-cial

plenamente te levantas de-ci-di-da y declaras que,

si realmente es ése el caso, no nos queda más que ir a hacer las a-

ve-ri-gua-cio-nes-per-ti-nen-tes-en-vías-de-actuar-en-consencuencia:

"Por el momento habría que organizar una asistencia de emergencia, después...

lo que fuera necesario". A cuya mención Federico, encendido, suelta su descarga

no menos enérgica pues: "¡eso es lo único que tienen que hacer

para que les pongan luego luego en la madre a las dos!"

Pero ya hay que irse a la casa porque tus tres hijos te esperan y

yo sólo había salido a tratar de encontrar un poco de aceite para la hora de

la comida, que ya se quiere pasar...

Después del aceite, camino de la casa, me digo que

ambas estamos en lo cierto

--que todo, o casi todo, es relativo, y que tú, acabadita de salirte del Princess,

tienes razón en insistir en la re-ver-si-bi-li-dad-de-la-historia:

de sentirte como Pangloss ante el terremoto de Lisboa...

Por lo menos durante este momentáneo momento

--tu momento-- que pasa, pasa, tan irremediablemente como la próxima

devaluación…

Valle de Bravo, c 1983


Hay imágenes que sirven como un beso

Otras que se nos cuelan desde lejos,

rozándonos las cuerdas de la colosal arpa de viento.

De asaltos laterales y que penetran como dardos

entre las costillas, o por las muñecas:

Espantan y engolosinan igual que

un vampiro de celuloide (los de “a

de veras” sólo logran espantar)

Y las hay también que invitan a escuchar

el gran zumbido sordo de la necesidad más abyecta...

el lento acontecer de nuestra muerte gota a gota,

a la hora del lavabo y de la vigilia,

a la hora del cielo-raso,

de un nuevo despertar sin horizontes

--con sólo el vuelo de las moscas

amenizando la distancia entre mi nariz

y el foco de la luz hiriente sobre ella:

lacerante lucidez de toda hora cumplida a destajo…

¿Cómo no preferir,

a tan superficial indagación, la imagen pura del

olvido... aquélla que brota del primer silencio

del mar en sus comienzos, concierto de

memorias prenatales resurgiendo por

vía de los sueños, a sus más claras videncias...

recuperación de un vuelo antepasado,

engendro de otro vuelo que se pierde en su transcurso o

se trasciende...

¿Cómo no escoger, ante la persistente garra de los saurios,

esta muda armonía con que cubre sus alas

tu pájaro azul!

México D.F:, abril, 1985, ni más ni menos cruel....


Transposición de un poema de José Martí: “Dos patrias”.

Tengo dos patrias: Cuba y la mañana.

¿O son ambas una? Así como la majestad del

sol invade el firmamento, veo a Cuba desnuda,

girasol en mano, novia que

murmura su canción ufana.

¡Qué bien recuerdo esa flor temprana

que hasta mí se ofrece! El pecho colmado se

siente palpitar de nuevo. Ya es hora de

Vivir. De cantar la alborada. Los hombres en

silencio conversan con las nubes e inventan sus

palabras, imágenes del sueño.

Como una bandera que anuncia

La feria, la viva llama

Baila. Descartando las sombras,

¿me asomaré a la ventana?

Plácida e irradiante, como nube lejana,

La novia Cuba llama.

He soñado una patria amplia como el firmamento

donde todo cabe y donde todo sobra

una patria azul que lleva blanca nube como

bandera, y por único monarca

el sereno vuelo encendido de la paloma*

viajera.

He soñado también una patria sin nombre

O en cuyo nombre cabrían todos los nombres.

Una patria que me encuentre doquier yo me

Siente, con raíces de luciérnagas

alumbrándonos la noche.

Patria como una canción sueño,

hecha de tantas voces

que se diría conforman una sola voz,

idéntica en todos sus acentos

--cada vibración de lo concreto

repicándome el silencio:

Patria que por gemir

Ríe, y que por reír llora, como olvidada de sí, en su

Más pura entrega.

Gloriosa Matria de todos aquí en la tierra.

V. de B., enero de 1986

Muestras de cortesía aceptables a la Cia.

. . . Y por favor y más que nada:

no clamar más allá de un mismo pecho

el furor que nos invade, la fe violada

y la agonía de no saber ni en qué

ni en quién creer. Recuerden

ser formales en cualquier reclamación

y no amenazar demasiado con eso de

“la compasión”. Al fin, que quién a-

guanta que lo estén fregando a uno

con la insoportable manía de ponerse a

enfocar los acontecimientos tomando en

cuenta “los perennes principios eternos”

(“que sólo Dios Padre sabe cuáles serán...”).

“¡Muéranse!”, dirán los preocupados por no

tener que hacer un esfuerzo voluntario de

conciencia, “no fuera a ser” (esto lo dicen aunque

no lo digan) “que en consecuencia nos viéramos

teniendo que actuar como verdaderos cristianos”

(o como verdaderos comunistas,

que por poco viene siendo lo mismo, si es

que tienen la bondad de soportarme una

indiscreción más...)

A parte de que no es sólo Dios Padre

el que sabe perfectamente bien de qué es

de lo que se habla cuando se invocan:

la verdadera justicia

la verdadera belleza y,

entre ambos, el Amor que

los reclama: perfecta rela-

ción geométrica de los dos

polos que ampara:

¡Belleza de la justicia y

justicia de la belleza!

¡Su encarnación!)

Y ya sabemos, también, que de ésas como de

otras “indiscreciones” el Poeta no podrá ser nunca

enteramente culpable: el resto lo habrá determinado

“la historia” cuando no, antes, el milagro sin el cual

nuestro cuento, colorín-colorao, se ha acabao (colorín-

colorao...). Por lo que habrá que inventarlo de nuevo,

es decir: admitirlo, primero, y proclamarlo como evidencia

de un orden que se esconde tras el aparente desorden

de lo dado... (aun, incluso, cuando al revelarse, muy

pronto se nos esconda de nuevo y mistifique, como esas

sonrisas que a penas de soslayo se dejan entrever).

Habrá que contar, digo, ese cuento con que cuento

para que el milagro irrumpa de nuevo en el tiempo de

este hombre calcinado, desterrado, y lo regrese a la

original pureza innata de su ser:

Contarlo para que al fin (a lo mejor) suceda.

Para que al fin (a lo mejor) seamos.

O para que sigamos siendo –-mientras se

pueda— un poco menos tristemente: aun con nuestras

imposibles historias de viejos

y, más que nada y para siempre,

con nuestras eternas historias de novios.

Como es, sobre todo, aquélla del recurrente encuentro de

la Amiga y del Esposo: dos sujetos que se funden por la

gracia de un mismo cuerpo original, recuperado

–-vibrante onda de celestial sosiego con que se colma

la inmensidad.

Espacio aniquilado, trasmutado; deseo totalmente

realizado cuya forma se despoja de sí en singular

vaporización de los extremos:

Sexo anexo derramándose por este corazón sin

tregua --corazón-pan, hermano, te aseguro:

Mientras más repartido, más completo...

V de B, México, abril 10-11, 1986

Para Poetas por la Paz:

La Habana, 26 de julio de 1986

Un deshecho desecho del tiempo, la vieja Habana

que alguna vez fue mía en el más pleno letargo de sus tardes,

en la frescura de sus noches extendidas besando la alborada,

en la rutilante blancura del mar, caldera de espumas:

viento respirable de la ola refrescándonos la sal.

Caducas majestuosidades se calcinan al ritmo del sol

marino. Regreso a ti por ese infinito puente del recuerdo ten-

dido hacia un futuro hecho de memorias que son destellos de

futuro, evocación, deseo... Cómo estar aquí ya más... quedarse,

viéndose el alma en ruinas ante tanta patente adversidad. Y

¿qué respuesta darle a esta tarde que se ríe de la coherencia

del verbo en el tiempo; que borra, aniquila, entorpece

cualquier interpretación? Tarde que me ahoga y me

enternece de todas una, porque veo a un joven padre

en camiseta en la ventana

(habrá nacido después que yo salí):

un joven padre que mira

al mar, con su niña en brazos haciendo

mil maromas y, afuera, una bandera cubana

adherida a la pared despostillada,

con otra, roja y negra, atada de corbata.

Y es que, si se está de Carnaval, también se está de luto,

digo, por todos los que murieron aquel veintiséis,

pero, no menos, por todos los que después cayeron,

como por los que al fin se fueron, o los que se

quedaron, cuando también se pudieron ir...

¡SEÑORES IMPERIALISTAS!

¡NO LES TENEMOS ABSOLUTAMENTE NINGÚN MIEDO!

Así proclama el enorme letrero dirigido a la Embajada yanqui,

ya también en ruinas, con el rostro de un Fidel muy leonino,

más fiero que dragón chino...

Dentro de este singular marco, el joven padre y su hija juegan.

Yo veo lo que no ven ellos: su indefensa pobreza,

su ternura, el descomunal letrero, las banderas,

la Embajada roída, el monumento al Maine decapitado

de su vil águila imperial y me pregunto:

¿A dónde iría a dar la paloma que Picasso prometió

mandar para poner en su lugar?

Yo veo el tiempo, ellos sólo ven el mar. Toda la mar

cada vez más hinchada entre las dos Habanas

(aunque no se trate sino de una sola, imponderable, multi-

facética leyenda). Y tanta historia recargándose contra los

muros de la antigua Ciudadela que se vence, se vence

como una barca a la deriva entre las olas.

Primera villa de aquél mi hablar primero que me colma con su

leche de dadivosa madre siempre dispuesta:

Aunque ya no estés te seguiré buscando. Y,

si es que aún estás, la mía: Espérame como a blanca

paloma que viaja en busca de su flor suspiro

–-que, si ya, ni a Capital de la Alegría

ni a Perla del Caribe llegas:

de Capital de la Amistad y el Querendón

no bajas...

V. de B., otoño de 1986

UBI SUNT

Y, ¿qué habrá sido de Cándido, el “Billetero del

Treinta y tres” --entonando algún danzón, cada

otra esquina?

¿O del dulce Caballero de París,

retrato andante de Becquer, flowerchild

antes de tiempo?, ¿o de la vieja

Albina, siempre de negro? ¿y aquella o-

tra limosnera, negra ella “de nación”,

que ataba trapitos rojos por donde pasaba

(menos en la puerta de la iglesia, donde moraba)...

Ellos, cada cual, un mundo en sí, ajenos a su

imagen en mi espíritu y, sin embargo,

presentes en mi total apego

a su frágil esencia de criatura.

V de B, Octubre 2/3, 1986

HABANA,

Canibalizada por el sol, la seca,

los destierros...

Por las grandes mudanzas

de cada nuevo desarraigo.

Habana,

Carcomida por los recuerdos:

Por cada vieja y por cada nueva

traición.

Desperdicio del cielo.

Cielo que se opaca poco a

poco. A pesar de tanto sol,

De tanto mar y resaca.

O

no sé si será ya que,

de tanto sol,

la luz,

poco a

poco,

se apaga.

Sin lugar ni fecha…

Lo que el alma busca: plegaria a propósito en cubano…

Una casa que no sea sino un cuartico pintadito de tu color

preferido, tras tu Odisea;

Un cuartico con una ventana por donde entre tu

trocito de cielo, y un poquito de sol, por la mañana.

Una casa bañada de sol por la ventana en medio de la tarde

y, al anochecer, recogido vientre incandescente.

Un cuartico bien chiquito que respire el cielo y las rosas y

donde me vengas a ver bien calladito;

donde recrearme en Dios, de mi Dios acompañada,

para soñar despierta y vagar por el espacio,

entre varios tiempos cortejada...

Un cuartico bien chiquito donde convertirme en nube o

en sirena; donde poder respirar como respiran

los que saben estar …

tranquilos…

una casa, un cuartico, como un lecho donde consumar la

espera

y recoger la cosecha …

donde nos podamos morir al mundo, juntos o

por separado:

un lugar donde, con estar, baste

hasta que de estar, también, nos baste.

Una casa, un cuartico, como una puerta al infinito,

como un puntico que nos de cuerda pa' regresar.

(con agua, con luz y con muy pocos muebles… tranquilo…)

Valle de Bravo, México, c1990.

Mi “Cubana-Kan”

Cómo voy a hablar de “ellos”

Cuando tengo dos hijos que hablan

igual que “ellos”...

Cuando las “entrañas del monstruo”

Un día se me convirtieron

simple y llanamente en

KANSAS...

con sus campos engarzados de

pequeños soles de ojos negros, rutilantes,

bajo el puntilloso pincel de la buena, bella,

vieja, tierna amiga...

Cómo voy a hablar de “ellos”,

recordando a la esmerada Nan

enhiesta como una espiga

–-dulce sostén de aborregados cielos,

ondulantes,

por los que rueda

la dorada marea del trigal:

Patria compuesta

de surcos de tierra negra

donde al fin el cielo un día,

de tan cerca,

Me hizo gustar de aquel pan que,

solo él,

sabe a verdadero

pan...

Centro de su centro:

Mi nuevo “Cubanakán”...

Cubana-kan-mente, en Miami, un 12 de septiembre de 1991.

Patria es…

"El alma humana necesita por encima de todo sentirse arraigada en varios ambientes naturales y comunicarse con el universo a través de ellos. La patria, los ambientes definidos por la lengua, por la cultura, por un pasado histórico común, por la profesión, la localidad, son ejemplos de ambientes naturales. Es criminal todo lo que tenga por efecto desarraigar a un ser humano o impedirle que pueda echar raíces”. Simone Weil

PROYECTO de NUEVO/VIEJO ARRAIGO: Primero, qué es lo que quiere decir P A T R I A:

Patria es un decir solamente, primero y ante todo,

una forma de contar mis sueños, la memoria.

Patria es el silencio que todo lo une, celestial

arraigo en el corazón de mi interior abierto:

un regreso permanente a ese Ser que me espera, quietamente... una cierta forma de decir

el firmamento, mi cielo, tu cielo; mis besos tus besos.

Patria eres tú, mi empeño, y haberte querido inútilmente;

un decir, solamente, y casi todo... es

poder volverte a ver, amor, como un sol que se funde en otro sol: Patria es el firmamento. La estrella. La estrella de Belén iluminándote la frente.

Patria primero para mí fue una ciudad iluminada

(en un lugar del Caribe, de cuyo nombre no puedo olvidarme,

nací, a punto de estallar otra guerra más para

"liquidar todas las guerras"): oh, H a b a n a

habana have a nana Havana chiquita banana

mañana cabana, cubana. (Is there a cubana

inside the cabana? What about a banana

inside the cubana? )*:

Érase un país de (c)olores y de sexo, de ritmo y de sudor, de ron y de caderas: lenguas ávidas en la boca del vaso y en el fondo de toda rosa plena, con ese profundo perfume que… ¡exaspera!

Patria era el murmullo de largos pasillos semi-oscuros,

también: el jadeante sudor de una siesta prolongada

más allá de la primera digestión, a la hora de cumplir, al dedo,

con un Eros desbordante y fiero.

Patria es la que se recuerda, la que poseemos en nuestro cuerpo ---más allá del horror--- nuestra memoria, y

aquella singular lucidez del ser que por fin logra sentarse

atónito

frente al mar.

Patria es el mar, la mar... la mar de besos... la que nos

separa,

que es también la que nos une... saber decir y saborear,

esa palabra-caramelo, caramelito, que es... "La mar",

la mer, la mer toujours recommencée*: fulgurante cuajadura del sol en las espumas, eternidad recuperada, con o sin Rimbaud...)

Patria es poder volvernos a encontrar, sublimemente a la hora de la muerte, tal como nos soñamos, enteros: No tenerse que

morir a lo pendejo para poder ser; para poder estar siendo

en este bien-amor aquí, antes de ir a dar al otro bien-amor

allá, que nos espera desde siempre y hasta siempre,

pacientemente, sin atreverse a tocar, como un mendigo.

Y, sobre todo, tener patria querrá decir

poder confiarme de que no me dirán qué es o

qué no es, Poesía: poder darme el lujo de todo un cuento

o no dejar más constancia de mi arrebato

que tres letras y una curva sobre el lienzo:

Patria, al fin, es: este poema que me recoge como

un lecho inventado por el espíritu en gestación

--pariéndose a sí mismo por la boca que lo habla, que no es sino la de una solitaria Maga presta a servirle al ciervo calladamente atento, tras la puerta...

Valle de Bravo, c1999

Yo fui semilla del Mar

Blanca nube fui

en mi comienzo.

Después llegué a pensar que todo era

posarse a una gran altura y

zarpar en alas cristalinas al encuentro

del destino inusitado, mirando desde mi

pico las blancas nubes volar cercanas,

al azar, y las aguas

resplandecientes

hipnotizándolo todo,

lacerante luz sobre la montaña

entregada a su sueño,

ondulantes velos de

Novia.

Así fue, algunas tardes

de blando estar

y de lloviznas:

Yo fui semilla del Mar,

después llegué a pensar

mirando desde mi altura

cuán lejos me parecía, ahora,

aquella vaga luz de mi comienzo

y cuán cercana la fulgurante embriaguez

de nuestro ocaso.

[Llegó a reír de sus locuras. A veces

lloraba de amargura y compuso canciones de gran desdicha y holocaustos, viviendo como vivía,

y diciéndoles a sus contemporáneos que

"la última guerra del fin del mundo" al fin

nos alcanzaría.

"Desde lejos te veré siempre, patria mía?" se decía. Blanca novia que pasa... Nube novia del aire y de las palmas y de las olas, y de Martí retratado en Jamaica, sobre

la playa: Elusiva novia de grandes hombres, ¡Yemayá!

Rogó a todos los dioses por la raza humanidad

y por todas las demás especies. Hasta por aquel traicionero alacrán escondido en las arenas del más diáfano manantial:

“¡Blancas eran las arenas y blanco era el alacrán!"

lloraba en versos sencillos su romanza al escorpión

(confiables, si jamás lo son, de que si están, picarán).

El susurro del medio-día la llenaba de nostalgias y suspiros,

ausente, el ojo perdido en una distancia de siglos,

clavada la pupila herida en ese punto fijo del más rotundo infinito, cuando todos los tiempos se deshacen juntos

ante la esplendorosa nave de los aires.]

Así el águila vaga, henchida barca de plata,

por las profundidades de la inmensidad del cielo y

regresa a su estrecho punto de partida,

siempre al mismo escondrijo entre tanto firmamento,

entre tanto espacio sin medida.

Conoce los cuatro puntos cardinales

y su asiento. Allí espera el vuelo y

hasta allí su vuelo la lleva,

criatura de sabia paciencia, alerta al

más sutil movimiento de lo extenso

--mirada que todo penetra mientras, en

su centro de gravedad, sueña de

otro espacio más seguro

que aquél que, con cada más airoso vuelo,

deja.

Escalamos las alturas;

desde la mar vinimos

trepando por la rigurosa costa,

escarpado litoral de afilados

cerros. Al fin, en la pata de la cabra me

erguí y probé las asperezas del lugar

con lengua adaptada, como la

pata, al deslave de la ardiente

roca.

Entre esos picos, mi pico se formó

y mis ojos al acecho detectaron

lo más tierno e indefenso al descubierto.

En suaves y felpudos movimientos

encontré mi alimento predilecto.

Y lo que un día fui

y un día (pero cuándo)

dejé de ser, al fin,

comí.

Yo fui semilla del Mar

Después llegué a pensar

mirando desde mi altura

algunas tardes de blando estar

y de lloviznas... lo lejos que fue a quedar

aquella profundidad primaria

cuando por alas lucía espigadas

aletas y mi más alzado vuelo encallaba

en el frío y blando suelo de la arena.

Allí dormitaba el sueño de la piedra o

acaso es que soñaba con manjares de mi especie:

moluscos resplandecientes en la azulada y

clara fuente de mi frente, rítmica escuela de

delfines dibujando el arcoiris y calamares

con su balazo de tinta en cegador disparo

que ofusca al depredador cercano.

Así navegué

ríos, mares, océanos inmensos --hasta descubrir

las múltiples latitudes accesibles al pulmón:

Qué imágenes mi inteligencia

contemplara --si es que alguna vez dormía, o no

dormía-- y dónde, y en qué punto, la conciencia

comenzó a generar el cuerpo de la divinidad,

migratorio eslabón de las especies...

A lo largo de las eras, cuántos trucos la Memoria

desplegó en su creación de las distintas

esferas.

Yo fui semilla del mar,

blanca nube fui en mi comienzo

y como blanca nube he de regresar al centro

desde donde la fuente capta y emite el movimiento

con que sin cesar el Corazón se inventa

este Amor que es su alimento.

V de B, principios de los noventa.



* donde vivo se le llaman “palomas” también a las mariposas

*¿Habrá una cubana dentro de la cabana?” --modo gringo de decir cabaña--- “¿Y qué les parece una banana dentro de la cubana?”

* Lo de "la mer toujours recommencée" es de Valéry; Rimbaud recuperó la eternidad gracias a la mar penetrada de sol ("elle est retrouvée, quoi,/l'éternité; c'est la mer/ mélée au soleil": “he vuelto a encontrarla, qué/la eternidad; es la mar transida de sol”). Simone Weil, "La Marciana", observa que en lengua occitana sólo el vocablo "langue" se aproxima al significado adquirido por el de "patria" en el curso del s. XVIII. Es ella quien insiste que Dios mendiga su amor entre nosotros.

Last Updated on Saturday, 31 December 2011 02:59