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AWAKEN TO THE DREAM - DESPIERTA A TUS SUEÑOS

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RESPUESTA GUADALUPANA I. TERRORISMO DE LA PALABRERÍA ( Prólogo ) y TEXTO COMPLETO DE LA RESPUESTA

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RESPUESTA GUADALUPANA


I  TERRORISMO DE LA PALABRERÍA (pp 1 – 10)    En calidad de Prólogo a RESPUESTA GUADALUPANA, seguido de:

II --  ECOTEOLOGÍA DEL AMOR: Carta abierta al Papa (p. 11 – 26)

III -- CONSEJOS DE LA VIRGEN EN EL DÍA DEL AMOR Y DE LA AMISTAD  (27- 33) y

IV-- PROPUESTAS GUADALUPANAS (pp. 33- 47 ): texto de trabajo abierto a la discusión de los principios que guiarán la organización local, regional e interregional (municipal e intermunicipal) del globo.

V - POSDATA EN LA OCASIÓN DE LA RENUNCIA DEL PAPA, FEBRERO DE 2013 (en gestación)

I. TERRORISMO DE LA PALABRERÍA

El terrorismo que padecemos resulta en buena medida de un mal uso de las palabras. Es el terrorismo perpetrado por la propaganda bélica. A qué se le llama y a qué no se le llama terrorismo forma parte de la maquinaria terrorista misma. Pero, el estado de guerra es ecológicamente insostenible: IN-SUS-TEN-TA-BLE y sólo el desmantelamiento eficaz y efectivo de la nación estado, belicosa y genocida, nos permitirá sobrevivir al caos que prima en la actualidad:

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ NO A LA GUERRA!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡A TODAS LAS GUERRAS!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

MAS NO A LA LUCHA POR UNA SOCIEDAD CONVIVIAL

CON BASE EN UNA ECONOMÍA DE PAZ

--Que se deje de criminalizar toda actividad consensual presentemente prohibida. Que las decisiones sobre la salud sean parte de la libertad fundamental de la persona de escoger su propia medicina o veneno, no olvidando que de lo que se trata es de la libertad religiosa que toda Carta Fundamental sólo puede proteger, tomando en cuenta que la salud integral de la persona (mente, cuerpo y espíritu entrelazados) es lo que está en juego. Prohibir el uso personal de los psicotrópicos constituye un atentado en contra de la autonomía de la persona.

--Que, en consecuencia, la prostitución sea considerada bajo los mismos principios que norman cualquier transacción comercial entre partes: en este caso, entre sexo-servidor(a) y cliente.

--Que se deje de pretender proteger a la niñez con medidas que, finalmente, desamparan más de lo que protegen: Si en vez de prohibirle a los niños trabajar, por ejemplo, se les protegiera más que nada de condiciones laborales oprobiosas, la explotación disminuiría considerablemente. Por lo demás, protestar en contra de la explotación del trabajo de los “menores de edad” es darle el viso bueno a la explotación despiadada de los “mayores de edad” (edad que, en todo caso, resulta inevitablemente arbitraria: cuándo un “niño” se hace “hombre” resulta tan individual como misterioso, y así la “niña” cuando se hace mujer.).

-- Que la tecnología sirva para proteger a los seres humanos y liberarlos de la explotación en vez de contribuir a subyugarlos. Que cada ser pueda estar plenamente “documentado” dentro de las comunidades en las que se alberga, trabaja, estudia, vive...

El Papa ha regresado a México. Ha sido un Papa escogido para mistificar al mundo después del asesinato de otro Papa que quizá, se piensa, hubiera hecho algo por transformar a la Iglesia de Roma en lo que pretende ser, sin serlo (ver el libro de John Hogue, El último Papa. Decadencia y Caída de la Iglesia de Roma y, también, El Vaticano contra Dios. El libro prohibido por el Vaticano, cuyos autores se llaman a sí mismos “Los Milenarios” prefiriendo no ser identificados, y por causa, y muchos otros más). El espíritu y modus operandi de los Borgias permanece intacto. Para algunos, tal el Brother Eric (luterano empedernido) lo que se esconde tras el Papa del hábito impecablemente blanco es nada menos que el Papa Negro (para enterarte de quién es el Papa Negro visita el sitio del mencionado Hermano Luterano, www.vaticanassassins.com).

Marvin Harris, un antropólogo fuera de serie, tiene mucho que decir sobre el papel que ha jugado Roma en la protección de los intereses de las élites a las que pertenece el más alto prelado. Una cosa es lo que se dice, y otra lo que se hace. Y los acomodos teológicos con miras a proteger a los poderosos dejan una siniestra estela de torturados, quemados en la hoguera, descuartizados, destituidos de lo poco o mucho que tuvieran. Para entender mejor lo que viene sucediendo, recordemos la lección que nos ofrece el recuento de una de estas curiosas transformaciones teologales. Harris nos la ofrece en su genial Cows, Pigs, Wars, and Witches (Vintage, 1989 –el título es de 1974; Vacas, cerdos guerras y brujas, de cuya versión en español no dispongo) donde explica cómo y por qué fue que cambió tanto la creencia oficial de la iglesia en relación a las brujas (la mayoría de los martirizados eran mujeres). El cambio ocurrió durante el Renacimiento (en el año de 1480, para ser exactos). Observa que durante muchos siglos el Canon Episcopi (1000 a.d.) gobernó el tratamiento que se le otorgaba a los acusados de tener relaciones con el Diablo. A nadie se le martirizaba porque alguien lo acusara de andar en semejantes trances; tan sólo podía ser que se les excomunicara:

“De hecho, la Iglesia Católica originalmente insistió en que no había cosa tal como brujas volando por el aire. En el año de 1000 a.d. se prohibió creer que semejantes vuelos tuvieran lugar; más tarde, después de 1480, se prohibió creer que no tuvieran lugar. En el año 1000 de la era del Señor, la Iglesia oficialmente sostenía que el vuelo de las brujas era una ilusión producida por el Diablo. Quinientos años más tarde, la Iglesia sostenía que quienes pretendieran que el vuelo no era sino una ilusión se encontraban ellos mismos en liga con el Diablo”, opus citatus, p. 213 y siguiente.[1]

Qué produjo tan drástico cambio, se preguntarán... Veamos, pues...

Para empezar, la tesis principal de Harris es que la violencia no existe porque el hombre sea naturalmente violento... Constata en su amplia investigación histórica que lo que da origen al macho violento (nadie como los Yanomamo para torturar a sus mujeres) es la guerra como opción estratégica de supervivencia ante presiones poblacionales y ecológicas. Así que, en última instancia, el género no es, forzosamente, “destino” a pesar de que casi siempre lo fuera. Éstas, por supuesto que son muy buenas noticias. Que podamos tener la esperanza de que la especie humana no necesariamente tendrá que continuar cultivando la guerra como algo “inevitable” dada su “maligna, violenta constitución” y que, en vista de que la guerra realmente ha dejado de ser una solución viable a los problemas territoriales, el hecho de que no sea la biología la que nos predispone a ella nos permite pensar que la paz, a pesar de las ´´adicciones´´ de quienes se benefician del estado de guerra, se ha convertido en una esperanza susceptible de ser realizada. Esto es, siempre y cuando quienes proponemos a la ´´Conciencia III´´ como el fin de todos nuestros males (es el término del que se sirve Harris para describir la aspiración fundamental de la, según-él, mal-llamada “contra-cultura” en lo que se yergue como una bien merecida advertencia en contra de cierta complacencia muy dañina por parte de la mentalidad “New Age”, de la que se hablará otro día) no nos conformemos con “rezar” solamente: la acción política constituye, tanto para Harris como par esta servidora, una forma excelsa de la oración, al igual que la poesía...

Si bien la guerra como solución al desequilibrio poblacional y ecológico fuera el factor que condujera a la prepotencia del macho sobre la mujer y a la desvalorización y sumisión de las mujeres en general, las posibilidades tecnológicas actuales y todos los conocimientos acumulados --incluyendo el hecho mismo de que no sea la biología en sí lo que determina la belicosidad-- abren una puerta antes imprevista sobre horizontes potencialmente menos escabrosos que los ya vividos en los últimos siglos. Para que podamos revertir semejante (des)orden, sin embargo, es necesario entender cómo la iglesia institucional ha colaborado con la opresión y con las mismas guerras con las que pretende no “comulgar”.

Cómo y por qué en Europa occidental las brujas llegaron a ser más perseguidas que en ninguna otra época o lugar de la historia es un asunto que puede iluminar muchos de los acontecimientos de hoy. De hecho, la persecución de las brujas durante los siglos XVI y XVII tiene interesantísimos paralelos con el papel que juega hoy la persecución de las llamadas “drogas” y sus “secuaces” ...La guerra contra la “brujas” y la guerra contra las “drogas” tienen muchísimo en común... [aunque esto no lo dice Harris en su libro de 1974, creo que es lo que diría hoy... yo me apoyo en sus propios razonamientos para clarificar la verdadera intención de tan reprobable como insustentable persecución...]

Harris observa un desarrollo paralelo entre el movimiento mesiánico de protesta social y el furor en contra de la brujería. Propone que el mesianismo guerrillero caracterizó al movimiento cristiano antes del 68 a.d., año en que Jerusalén fuera vencida por los romanos y cuando El Sacro Imperio Judío dejara de aparecer como una posibilidad para los judíos cristianizados de Palestina en su continuada lucha contra el colonialismo romano. San Yago, (Santiago, Diego: ¿curiosamente o causalmente el nombre del emisario de la Virgen?) habría tratado de mantener viva la rebelión en contra de los romanos, mientras que Pablo, ciudadano de Roma, ganaría al fin su batalla por convertir el cristianismo en una fe volcada hacia “la paz”, alejada de la tentación de llevar adelante ninguna guerra de liberación política. El Cristo de Harris, en efecto, recuerda mucho más al Ché que aún vive en la imaginación popular que al “Príncipe de la Paz” que la Iglesia romana propone desde los días de Pablo, y ello a pesar de las valientes excepciones que se dan en su seno (Samuel Ruiz y las monjitas de Maryknoll son quienes primero me vienen a la mente).

De hecho, la paz cristiana, desde la perspectiva del antropólogo, sigue los pasos de la pax romana y no es sino el resultado de una adaptación necesaria a la derrota de los judíos y a la destrucción del Templo de Israel en el año 68 de la era cristiana (1900 años antes del parte-aguas del ’68 que tantos hemos vivido en el siglo XX). Esta tendencia guerrillero-mesiánica dentro del cristianismo, sin embargo, no dejaría de repetirse a través de la historia, en particular cuando la sociedad feudal se resquebraja durante los siglos XII y subsiguientes; el “reformismo” del s. XV y XVI, advierte Harris, no difiere en lo fundamental de la política de Roma en relación al uso de las “brujas” como chivos expiatorios para los descalabros causados por la entrada en juego del modo de producción capitalista. Los ss. XV-XVII, incluidos, fueron acompañados de la más feroz caza de brujas de cualquier época de la historia, en cualquier lugar del mundo, y Alemania, puede decirse que se destaca de forma particular en el ejercicio de semejante práctica. La actitud de un Lutero, entonces, no se distingue marcadamente de la actitud romana sobre a quiénes había que echarle la culpa de todas las desgracias. (Paralelo incontrovertible, repito, entre los vericuetos y desastres neo-liberales y el acecho en contra de quienes consumen las “drogas” prohibidas.)

He aquí el resumen que nos ofrece Marvin Harris de aquellos hechos sin precedentes y su preclara interpretación de los mismos (traduzco del final del capítulo “The Great Witch Craze”[“El gran arrebato con las brujas…”], p. 236 – 240 de esta obra seminal, Cows, Pigs, Wars, and Witches: The Riddles of Culture [Vacas, cerdos, guerras y brujas: Las adivinanzas de la cultura] sobre la que habría que regresar más a fondo junto a los contenidos de otro título del autor que no tiene desperdicio: Cannibals and Kings: The Origins of Cutures [Vintage, 1977] : Caníbales y reyes: Los orígenes de la cultura. ) :

Si la brujería constituía una peligrosa herejía, tal cual insistía la Inquisición, no hay misterio en cuanto al por qué de la obsesión de la Inquisición con ella. Si, por otro lado, la brujería no era más que una inofensiva -- por no decir casi enteramente alucinatoria actividad-- ¿por qué había de ponerse tanto empeño en suprimirla –especialmente cuando la Iglesia se encontraba orillada hasta el límite de sus recursos por el gran levantamiento mesiánico-militar del siglo XV?

Esto nos lleva a la crucial pregunta en relación a qué fue lo que sucedió independientemente de lo que la gente pensaba que estaba sucediendo. ¿Es cierto acaso que la Inquisición estuviera dedicada a la supresión de la herejía de la hechicería? Asumir que la principal actividad de los cazadores de brujas era la aniquilación de las brujas descansa sobre el declarado estilo de vida de la conciencia de los inquisidores. Pero, asumir lo contrario –es decir, que los cazadores de brujas hacían todo lo posible por aumentar la provisión de brujas y regar la creencia de que las brujas eran reales, omnipresentes, y peligrosas—descansa sobre evidencia muy sólida. ¿Por qué los estudiosos de la modernidad han de aceptar las premisas del estilo de vida de la conciencia del inquisidor? La situación exige no que preguntemos por qué los inquisidores estaban tan obsesionados con destruir la hechicería, sino más bien por qué estaban tan obsesionados con crearla. No obstante lo que ellos o sus víctimas hayan tenido en mente, el efecto inevitable del sistema inquisitorial fue hacer que la brujería resultara más creíble y por lo tanto incrementar el número de acusaciones de hechicería.

El sistema de cacería de brujas estaba demasiado bien diseñado, demasiado durable, demasiado oscuro y testarudo. Sólo pudo ser sostenido por intereses igualmente durables, oscuros y testarudos. El sistema en contra de la hechicería y sus locuras tenían usos prácticos y mundanos aparte de los objetivos declarados de los cazadores de brujas. No me estoy refiriendo aquí a los incentivos y a las pequeñas ventajas ya descritas –la confiscación de propiedades y las tarifas que se cobraban por torturar y ejecutar [las familias de los acusados tenían que pagar los servicios de tortura y ejecución de quienes los incurrían muy a pesar de sí]. Estas recompensas ayudan a explicar por qué los técnicos de la cacería de brujas hacían su trabajo con tanto entusiasmo. Pero semejantes beneficios eran parte del aparato de la caza de brujas en lugar de ser una de sus causas [como se puede decir de la entusiasta colaboración de la DEA y demás agencias a cargo de la “guerra vs. las drogas” en su empecinada tarea de reprimir a los mismos “adictos” que la política anti-drogas logra efectivamente generar... ].

Sugiero que la mejor forma de comprender la causa de la manía en contra de la hechicería es examinar los resultados terrenales en lugar de sus intenciones celestiales. El principal resultado del sistema de cacería de brujas (a parte de los cadáveres achicharrados) era que los pobres llegaban a pensar que estaban siendo victimados por brujas y demonios en lugar de por príncipes y papas. ¿Goteaba tu techo, abortaba tu vaca, tu avena se secaba, tu vino se agriaba, tu cabeza de dolía, tu bebe perecía? Era un vecino, el que te había roto tu cerca, el que te debía dinero, o codiciaba tu tierra –un vecino convertido en brujo/a. ¿Que subía el precio del pan, los impuestos aumentaban, los salarios caían, y faltaban trabajos? Era el trabajo de los hechiceros. ¿Que la plaga y la hambruna mataba a la tercera parte de los habitantes de cada aldea y pueblo? Las diabólicas, infernales brujas se hacían cada vez más osadas. Contra los fantasmagóricos enemigos del pueblo, la Iglesia y el estado montaban una osada campaña. Las autoridades no se ahorraban esfuerzos con tal de ahuyentar este mal, y ricos y pobres por igual podían dar las gracias por la energía y valentía desplegadas en la batalla.

El significado práctico de la manía contra las brujas por lo tanto era que desplazaba la responsabilidad por la crisis de la sociedad medieval tardía, de la Iglesia y el estado por un lado a, en su lugar, demonios imaginarios en forma humana. Preocupados por las actividades fantásticas de estos demonios, las masas pauperizadas, medio enloquecidas y alienadas, le echaban la culpa al Demonio rampante, en lugar de a los cleros corruptos y a la rapaz nobleza. No sólo se exoneraba a la Iglesia y al estado, sino que éstos se hacían indispensables. El clero y la nobleza emergían como los grandes protectores de la humanidad contra un enemigo omnipresente pero difícil de detectar. He aquí al fin un motivo para pagar el diezmo y obedecer al que cobraba los impuestos. Servicios vitales de interés para esta vida, en lugar de para la próxima, estaban siendo llevados a cabo con ruido y furia, fuego y humo. Era realmente posible ver a las autoridades hacer algo que ayudara a lograr que la vida fuera más segura; podían realmente oírse los alaridos de las brujas camino del infierno.

¿Quienes eran los chivos expiatorios? Un estudio sin igual por H.C. Erik Mildefort sobre 1,258 ejecuciones por cargo de hechicería en el sudoeste de Alemania, durante el período entre 1562 y 1684, muestra que el 82 por ciento de los brujos ejecutados fueron hembras. Ancianas indefensas y comadronas de las clases bajas usualmente eran las primeras en verse acusadas en cualquier erupción local. A medida de que nombres adicionales eran extraídos de las primeras víctimas, niños de ambos sexos, y hombres, comenzaron a figurar de forma más prominente. Durante la fase culminante del pánico caracterizada por ejecuciones en masa, algunos dueños de posada, varios comerciantes ricos, y uno que otro magistrado o maestro podía llegar a ser ejecutado. Pero a medida de que las llamas se acercaban más a los nombres de quienes disfrutaban de un alto rango y poder, los jueces perdían su confianza y las confesiones y los pánicos cesaban. Los médicos, abogados, y profesores universitarios casi nunca se veían amenazados. Evidentemente que los inquisidores mismos y el clero en general también disfrutaban de bastante seguridad. Si ocasionalmente alguna pobre alma desquiciada cometía la torpeza de decir haber visto a un obispo o príncipe de la corona en un sábbat reciente, seguramente que habría atraído sobre sí todo tipo de incontables torturas. No es de sorprenderse que Midelfort pudiera encontrar solamente tres instancias de acusaciones de brujería contra miembros de la nobleza, y que ni uno sólo de los acusados fuera ejecutado.

Lejos de constituir “el reflejo de una estructura institucional debilitada”, la manía contra las brujas fue parte integral de la defensa de esa estructura institucional. Esto puede verse mejor comparando la manía de las brujas con su antítesis contemporánea [a su época], el mesianismo-militar. El movimiento maniático contra las brujas y el del mesianismo-militar ambos incorporaban temas religiosos populares que en parte eran endosados por la Iglesia establecida. Ambos se apoyaban sobre el estilo de vida de la conciencia imperante, pero con consecuencias enteramente distintas. El mesianismo militar unía a los pobres y a los desposeídos. Les daba un sentido de misión colectiva, disminuía la distancia social, les hacía sentirse como “hermano y hermana”. Movilizaba a las gentes a través de regiones enteras, enfocaba sus energías en un tiempo y lugar particular, y conducía a batallas campales entre las masas desposeídas y aquellas personas que se encontraban en la cima de la pirámide social. La manía de las brujas, por otro lado, dispersaba y fragmentaba todas las energías latentes de protesta. Desmovilizaba a los pobres y a los desposeídos, incrementaba su distancia social, les llenaba de sospechas mutuas, encandilaba a vecino contra vecino, aislaba a todos, hacía que todos tuvieran miedo, incrementaba la inseguridad de todos, hacía que todos se sintieran llenos de coraje y frustración a un nivel puramente local. Con ello, apartaba a los pobres cada vez más de confrontar al establishment eclesiástico y secular con demandas para la redistribución de la riqueza y el emparejamiento de la posición social. La manía de las brujas fue un mesianismo militar radical en reversa. Fue la bala mágica de las clases sociales privilegiadas y poderosas. Ése fue su secreto.

Y ese es el secreto que esperamos develar cada vez más de todo lo oscuro que se cobija bajo el manto santurrón de una “guerra contra las drogas” diseñada con intenciones prácticamente idénticas a las que motivaron a los cazadores de brujas del pasado.

Con el arribo por quinta vez del Papa Juan Pablo II a territorio mexicano, quisiera volver a tratar de conseguir que estas reflexiones “guadalupanas” circulen y, quizá, logren echar raíz en un diálogo sostenido entre nuestras viejas y nuevas generaciones así que los caminos más prometedores para nuestro presente y futuro en común puedan ser recorridos a todo lo largo y a todo lo ancho. La “Guadalupana” no requiere del aval de Roma para que todos los mexicanos sepan cuál es el lugar que tan merecidamente ocupa en nuestros corazones. Roma quiere usar de esa devoción para sus propios fines. Pongamos los puntos sobre las íes y reclamemos y practiquemos un “catolicismo” digno de nuestro conocimiento, no partidista sino avocado a reconocer la verdad, la justicia, la belleza y la razón por doquier ellas se encuentren: realmente ecuménico. Es ése el único “catolicismo” con el que vale la pena identificarse. Gracias madrecita, Gaia, bonita... Gracias, virgencita de Guadalupe y Virgen de la Caridad...María gratia plena, nuestra inspiración y consuelo: guerreras insobornables del camino que tiene corazón.

“ECOTEOLOGÍA DEL AMOR”: Desde lo más profundo del México profundo: (1)

CARTA ABIERTA AL PAPA

Lo primero que el Papa Juan Pablo II ha puesto al descubierto para todos con su visita al pueblo mexicano es el inmenso, inconmensurable hambre de Dios que existe en el corazón de nuestras gentes, su inocencia y su infinita capacidad de amar y de reciprocar en el amor. Es esto lo que ha resultado más exaltador en su recién concluida visita: haberle hecho palpable al mundo el gran corazón del milenario pueblo cuyo nombre, según algunos de los que dicen saber, significaría “el lugar donde el Sol y la Luna se unen”: sitio de conjunción de la noche y del día, puerta abierta sobre el Misterio de la Santísima Trinidad. En segundo lugar, hemos tenido la oportunidad de repasar la carrera de Carol Wojtyla una vez más y de hacer el balance de lo que realmente ha significado el papado de este monje tan vigoroso quien, en veinte años, parece haber envejecido cuarenta. (2)

Aparte de las esperanzas a las que siempre ha dado lugar, los resultados netos de la evangelización llevada a cabo por Juan Pablo II durante estos últimos veinte años forman buena parte de los problemas que acosan ya no sólo a ´´los de abajo´´ sino a ´´los de arriba también´´.

No me cabe la más leve duda de que el gesto que más debemos agradecerle al Papa es el de haber reconocido, de forma implícita, si no explícita, el fracaso de todas las fórmulas de convivencia puestas en marcha por nuestra civilización orientada hacia el consumo: civilización de la cual Roma ha sido, y continúa siendo, subsidiaria. Pero, si su gesto en declarar a ´´la Morenita´´ la Evangelizadora del próximo milenio ha de ser visto como algo tangiblemente más enaltecedor, esperanzador, verdaderamente salvífico, que un ardid retórico encaminado a emocionar a las masas hambrientas de verdad, de belleza, de justicia y de amor --de un pan que sepa a verdadero pan (como dice Simone Weil del pan que compartiera Cristo, alguna vez, con ella bajo una mansarda de la vieja Marsella)—si de algo habrá de servirnos el que, antes de morir, un Papa haya declarado a la Virgen de Guadalupe la Evangelizadora del próximo milenio, obligación nuestra es tratar de explicarnos, de analizar, qué es lo que esta última encomienda de Roma para nuestra América podría significar a la larga como a la corta. Creo que tenemos aquí los mexicanos una gran oportunidad, un reto de buscar y de encontrar, en el arquetipo materno, terrestre y lunar de nuestra Virgen de Guadalupe, el secreto de nuestra salvación individual como de una posible cohesión social y cultural.

Sea cierto o no que México quiere decir ´´el lugar donde el Sol y la Luna se unen´´, tan intrigante como poético nombre podría muy bien inspirarnos a pensar que quizá sea aquí, a partir de nuestro México profundo, que el Nuevo Tiempo busca inaugurarse, no sólo gracias a las convenciones que marcan el principio y el final de un año y de una era, sino gracias a las instituciones que pronto nos veremos obligados a inventar ante el evidente fracaso de la civilización industrial, ante las vicisitudes y descalabros así como ante las nuevas posibilidades de reagrupación y ordenamiento abiertos por técnicas de la comunicación. Éstas salvan las distancias en forma menos traumática de lo que lo hacen los vuelos intercontinentales, pero ello sólo en lo que a nuestros cuerpos individuales se refiere: por otro lado, desencadenan traumatizantes acciones en distintas esferas, como la financiera, con todo lo que dicho desarrollo implica.

El cambio institucional exige en primer lugar el reconocimiento público de lo que son las verdaderas ´´necesidades terrestres del cuerpo y del alma´´ que la misma Simone Weil propusiera a nuestra atención hace más de medio siglo (en su proyecto inicialmente concebido para la reorganización de una nueva Francia una vez hubiese ésta quedado liberada de la invasión nazi). (3)

La presencia del Papa a mí en lo particular no ha dejado de causarme ternura y enojo en parejas medidas: Ternura ante el espectáculo de la reciprocidad en el amor y ante el candor de niños, jóvenes y viejos, machos y hembras por igual. Enojo ante las ´´contradicciones ilegítimas´´ en ciertas posturas oficiales de la Iglesia de Roma que más ofenden a quienquiera se encuentre, no sólo ávido de verdad como perfectamente consciente de las mañosas formas de mentir que tenemos los humanos. (4)

Carol Wojtyla, más contundente y nocivamente que el común de los mortales, posee el poder de hacer el bien como el mal a diestra y siniestra. En su gestión como jefe de estado, como monarca y emisario de una milenaria institución cuyos imperativos lo trascienden en lo personal y le obligan a moverse en ciertas direcciones en consecuencia de la dinámica que le es propia al proceso de obtención y defensa de todo poder terrenal --casi siempre en franco desacuerdo con las verdaderas necesidades terrestres del cuerpo y del alma-- el Papa no ha cesado de participar en políticas que lo responsabilizan moralmente del hambre física y espiritual de nuestros pueblos a través del Continente y del globo.

La coincidencia de la entrada en los mercados del ´´euro´´ con esta ambientación psicológica y material más afín a la eventual entrada en escena de una moneda que facilite los intercambios Norte-Sur, que mantenga un balance con otras monedas fuertes como serán el mismo ´´euro´´ y el ´´yen´´ o alguna creación asiática análoga a la europea --capaz de facilitar los intercambios dentro de las distintas regiones y entre ellas-- probablemente no sea el resultado de ninguna casualidad sino que busque, consciente o inconscientemente, ponernos al tanto de los nuevos mapas mentales financieros, productivos, culturales o humanos emergentes y a los que nos vemos obligados a atender con toda la inspiración de la que es depositaria y transmisora esa misma Virgen: inspiración que, más tarde o más temprano, toca a ésos de entre sus hijos que acceden a abrir todos sus sentidos al suave murmullo de las flores que en su seno se gestan.

Depositaria de esos dones que la Virgen otorga a quienes se plantan de lleno en su camino y se disponen a escuchar el bienaventurado canto de las sagradas plantas que Ella nos ofrece tan generosa, placentera y sabiamente por medio de su radiante como atribulado cuerpo: Viéndole a Ud., Papa, tocar a nuestra puerta, me he quedado muy inconforme y como defraudada por no haber sabido, siquiera, qué hacer para lograr compartir ciertos mensajes que siento mi obligación intentar comunicarle, sobre todo en vista de ese manifiesto deseo por parte suya de exponerse a lo que instintivamente presiente Ud. que México puede y debe ofrecerle al mundo y especialmente a usted en estos momentos de su apostolado en vía de conclusión.

Se trata de una visión que va perfilándose poco a poco, desde hace ya muchos años, y que a penas en estas últimas semanas logra definirse de una forma más clara en una mente y en un espíritu que sólo en parte me pertenecen. A pesar de mis muchos pecados, ya al fin sólo a Dios y a la Virgen me debo (por lo cual me siento tan obligada con el mundo) y, a pesar de que por ello quizá mi tarea debería resultar más fácil, también quizá por ello atravesar el espeso muro de la necesidad que nos une y nos separa por igual resulte tan difícil para esta pobre servidora ávida de depositar tan preciosa visión allí donde pueda hacer más bien que mal --recordando igualmente que, en este mundo, el bien absoluto no puede darse sino de forma milagrosa y en muy pequeñas dosis. Por orden de Amor, ya que en términos generales, todo lo bueno aquí abajo se encuentra mezclado de algún mal y sólo si aceptamos que la naturaleza del bien y la naturaleza de lo necesario a menudo difieren, es que podremos evitar mayores males de los que ya nos aquejan.

Esta visión trascendente jamás habría alumbrado en este espíritu si de alguna forma no hubiera disfrutado hace ya muchos años de un período de purificación por medio del ateísmo --siendo que a veces, para entrar plenamente en Dios, o para que Dios se apodere plenamente de nuestra alma, resulta conveniente limpiar sin miramientos nuestra idea misma de Dios. Parecería que Dios crea a partir de la nada y que sólo a partir de la nada logra recrearse en nosotros también.

Para lograr esta purificación de nuestra capacidad de atención es que crecen nuestras plantas sagradas, esas divinas flores de las que México dispone en mayor número que ninguna otra tierra del mundo, si es que tantos estudiosos del asunto han dicho bien: Las ´´rosas´´ de La Virgen, ésas que brillan por su ausencia en el retrato tan debatido y estudiado, como amado, de la Virgen de Guadalupe, no pueden ser sino las ´´flores´´ o ´´plantas de poder´´ --enteógenas, es decir, dadoras de visión divina-- que nuestra Madre nos regala para que, con ellas, podamos limpiar los cristales de nuestros ojos y percibir de forma directa la hermosura del rostro de Dios, su Presencia real junto a la realeza de su Presencia…

Realizar la Encarnación misma es a lo que aspira el ser humano en lo más profundo de su psique y es eso, justamente, lo que la presencia del Papa entre nosotros simboliza –sin que dejara de haber idolatría toda vez que cierta confusión se ampara de nuestro entendimiento, casi inevitablemente, entre lo que sería algo así como la presencia virtual del símbolo y lo que constituye un contacto directo inconfundible con ese mismo Dios que busca encarnar doquier la criatura se lo permita: Y es que para que Dios se muestre en nuestro fuero interno, primero es necesario que una percepción falsa de nosotros mismos y del mundo dé lugar a una visión preclara de nuestro verdadero lugar en el universo.

Es para ello que nuestra Madre nos reserva sus más preciosas flores. Bienaventurados quienes han podido conocer el dulce embeleso que provocan tan pronto el pecado al fin ha sido barrido gracias a sus deslumbrantes castigos: es decir, a su instrucción a la luz de las pruebas que a cada cual nos imponen, según el caso de cada quién, para que podamos rectificar nuestros errores y reintegrarnos plenamente a todo el bien que, paciente, nos espera desde siempre y para siempre: Ave María, gracia plena.

Triste resulta constatar que históricamente, la Iglesia de Roma, a pesar de tantas y tan buenas intenciones, ha sido uno de los factores de desarraigo más truculentos a los que se han visto expuestos los hijos de esta tierra de promisión cuya hermosura sin par persiste no obstante nuestras incontables agresiones contra Ella --la dadivosa Madre que nos cobija, que nos alberga. (4)

Una buena parte del desarraigo físico y espiritual de nuestros pueblos proviene del divorcio que se efectuara, a partir de la Conquista, entre una religión que, pretendiendo ser universal, se dedicó a aplastar, con saña, tradiciones milenarias hoy en gran parte desterradas de nuestro suelo, aunque persistan, y que, de haber sido respetadas al menos en la medida en que ellas también daban muestras de estar en contacto con la Fuente primaria de todo el Bien al que el alma humana universalmente aspira, hubiesen fortalecido el nexo entre Dios y este mundo nuestro que hoy se debate ante una crisis de proporciones tan formidables que tenemos razón de dudar si no será que el Año del Jubileo acabará por ser el del final de toda vida sobre la tierra –de esa ´´vida´´ que defiende Ud. de forma tal que, sin duda, acabará por asegurar su más completa desaparición, tanto en su más radiante esplendor como en su más atroz miseria: La ´´fetichización de la vida´´ ha ido descalificando progresivamente nuestra atención a la realidad, derechos y obligaciones de la persona humana misma.

Pues es esto último lo único que puede esperarse de tratar a ´´la vida´´ como si fuera ella el fin-en-sí y no el vehículo mediante el cual el Amor, la Belleza, la Justicia, y la Verdad un día se amparan de nuestro corazón entero así que podamos realizar, una vez más, nuestro irrenunciable cuerpo de gloria. Tal como ha dicho usted recientemente de la libertad, que es un medio, mas no un fín-en-sí, se hace imperativo decir de ´´la vida´´. Algo muy parecido a lo que sucede con el dinero que, tomado como el fin-en-sí, --en lugar de cómo un medio entre otros para obtener ciertos fines, acaba por destruir el fin mismo para cuya realización ha sido inventado.

Así la libertad y el dinero, así la vida misma convertida hoy en uno de los mayores atentados contra el fin cuya realización debiera servir. Es por lo que las proclamas de su magisterio contra ´´la cultura de la muerte´´, en cierto sentido –si no en todos los sentidos-- resultan huecas a los oídos de quienes constatamos tan ilegítima contradicción en algunas de los dogmas que Roma imparte a los fieles y que la evangelización a su cargo ha perpetrado en contra de las más venerables doctrinas de toda religión bien fundada y de todo ser que honestamente busque vivir en la verdad, en lugar de morir en la mentira. (5)

Que usted quisiera poder morir en la Verdad es lo que su visita a México pone de manifiesto para quienes sean capaces de reconocer que, no por desempeñar Usted el cargo de ´´Su Santidad´´, esté Ud. a salvo del pecado. Su muerte lo ronda y es ella, tan poderosa y magnífica, tan solitaria y personal como la vida misma, la que le impulsa a tratar de encontrar la puerta que al fin le permita entrar en la plena gracia del Señor y de la Señora que en su seno, silenciosamente, habitan.

No hemos de extrañarnos, al fin, que sea desde México que le lleguen esta plegaria y estas reflexiones cuyo objeto sería al mismo tiempo ofrecerle a Usted la oportunidad de recapacitar sobre los dogmas que tanto nos han avanzado por el camino de la destrucción y del desamparo, contribuyendo por medio de semejante reflexión a restaurarle plenamente a la Muerte su justo lugar ante la Vida.

Para que la vida resulte realmente ´´sagrada´´, pues (Vida con mayúscula, vida vital, sana, dispuesta para el milagro de la encarnación que nuestra comunión realiza cuando es comunión verdadera y no sólo simulacro), resulta imprescindible restaurarle a la muerte su justo lugar en nuestras vidas, recuperando para ella el prestigio que le ha sido robado y sin el cual toda vida se encuentra condenada de antemano a desaparecer sin haberse convertido jamás en el fiel espejo de la mirada divina, primer y último objeto de la creación. Y, en lugar de reducirnos a ser parte de una abstracción relativamente banal, como lo es una vida separada o ajena a su primordial objeto, bueno sería que volviésemos los humanos a considerarnos personas en el pleno sentido de la palabra.

El respeto a la persona humana, donde reside el nexo con lo sagrado, exige obediencia a la naturaleza, única forma de controlar sus desafueros, según el decir de Roger Bacon quien tuviera hace muchos siglos ya el gran tino de observar que ´´el hombre ordena a la naturaleza obedeciéndola´´.

Si hemos de ordenar nuestra propia naturaleza, la que nos informa desde adentro como desde afuera, fuerza es que nos pongamos de acuerdo sobre qué es lo que nos está diciendo nuestra Madre, nuestra Tierra Gaía y, en nuestro propio suelo, la ´´Morenita´´ --ésa que nos brinda y nos instruye sobre el adecuado uso de sus flores. Gracias a ellas conocemos la muerte antes de que la misma finalmente nos llegue. Irrevocablemente. Gracias a ellas no tememos morir pues sabemos, o creemos, que todo guerrero bien cumplido habrá de heredar el cielo que alguna vez conoció sobre la tierra: en las gráciles, resistentes y fugaces alas de las mariposas, de los papalotl de nuestra mágica tradición náhuatl, el espíritu realiza su más luminosa, su más radiante ascención. (6)

Es por lo que las flores de la Virgen constituyen la principal garantía de que podremos seguir regresando a beber del fresco manantial de su comarca. Bajo su instrucción será posible cohibirnos de todos nuestros excesos de forma tal que ni el infanticidio ni el aborto resulten necesarios. Si se les ha practicado y se les practica es sobre todo porque se han hecho necesarios de la misma forma que muchos males resultan serlo. El bien como un mal menor.

No por desconocer el principio básico que dice que no siempre lo necesario y lo bueno coinciden, y el hecho de que, a pesar de nuestros deseos, un mal pueda frecuentemente aparecer como un bien relativo ante otro mal mayor, vamos a continuar arreando al rebaño irresponsablemente por el camino cubierto de precipicios por el que nos conducen dogmas ajenos a la verdad, a la justicia, a la razón y a la belleza –esas finalidades que constituyen los pilares del AMOR al que toda alma aspira, sustancia intrínseca del Bien Supremo que es Dios.

La decisión de Roma de unir a nuestro continente en uno solo desde el punto de vista de su propia organización coincide perfectamente con una imperiosa necesidad interna y externa que sentimos todos -–que siempre se ha sentido, a veces más poderosamente, como ahora: la certeza de que América es una, o debe serlo por fuerza de la Razón (aunque sobre todo cuenten las ´´razones del corazón´´), de la geografía, de la distribución demográfica, de que Norte y Sur de muchas formas se complementan. Una ciudadanía municipal e intermunicipal a través del Continente sería la solución a muchos de nuestros problemas: eliminaría, entre otras cosas, el oprobioso status de ´´indocumentado´´, otorgándonos a todos una mayor protección ante las leyes. Lo que hay que inventar y poner a funcionar, sin duda, es un nuevo modelo de ciudadanía capaz de atender a las verdaderas ´´necesidades terrestres del cuerpo y del alma´´ cuya naturaleza estamos llamados a redefinir a partir de nuestros conocimientos más profundos, tan viejos la mayoría como pueden ser nuevos algunos.

Entre los nuevos datos que han sido liberados por la ciencia en relación a la naturaleza humana, se constata que, así como los varones pierden una buena parte de sus aptitudes intelectivas y de procesamiento de la información en lo que ahora llamamos ´´la tercera edad´´, las mujeres de la tercera edad tienden a mantener sus facultades intactas más tiempo mientras preservan aún, e incrementan, el conocimiento que es resultado de la experiencia. Es por lo que en la actualidad resulta más escandaloso que nunca que las mujeres nos veamos excluidas en tan grande medida de los procesos de toma de decisión de nuestros gobiernos.

El nuevo modelo que se contempla, por lo tanto, en consideración de lo que la naturaleza por su propia cuenta dispone -–y que ciertamente sólo a riesgo de exterminio total seguirá siendo desatendido—dispondría de mecanismos garantes de una perfectamente equitativa distribución de puestos de dirección entre ambos géneros. Por lo mismo, no es posible concebir un ´´papado´´ exento de los errores por los que estamos sufriendo todos, ´´católicos´´ o no ´´católicos´´, hombres, mujeres, niños y ancianos, mientras la cabeza o jefatura de la iglesia de Roma no llegue a estar compuesta por dos cabezas complementarias capaces, entre ambas, de percibir más cabalmente la realidad total del mundo en que vivimos, su totalidad primaria.

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ESTE TEXTO HA SIDO RESPETADO EN SU INSPIRACIÓN ORIGINAL CASI PALABRA POR PALABRA. La revisión final del 27 de septiembre de 2001 ha añadido algunas líneas necesarias para una mejor comprensión de lo expresado. SIGUEN LAS NOTAS MARGINALES.

1 Bajo el signo de la mirada de “mis tres vírgenes”: La acuariana (Feb. 3) Virgen Roja, Simone Weil (1909-1943), y al abrigo del manto de la Virgen de Guadalupe y de la Virgen de la Caridad del Cobre, “patrona” de la Cuba de mis antepasados y de la de hoy, venerada bajo el nombre africano de Ochún-Yeyé-Cari tanto por negros y mulatos como por blancos.

2 Sospecho que tan palpable deterioro se debe no sólo al atentado que sufriera hace y muchos años y que sin duda minó su vigor, sino también a su estilo peripatético, tan movido, cosa que en el siglo actual significa un repetido desajuste del horario interno a una edad cuando es mucho más difícil sobreponerse a tales traumas en el organismo –desacomodos que sólo en poco más de medio siglo han llegado a ser posibles gracias a los avances de una tecnología que nos deja crecientemente a la intemperie de lo desconocido.

3 En sus escritos de Londres que incluyen su magna obra, l´Enracinement (recientemente reeditada por la Editorial Trotta de Madrid, bajo el título Echar raíces).

4 y 5. Una contradicción legítima es lo que se llama una ´´paradoja´´: que dos cosas diametralmente opuestas de alguna forma resulten idénticas o coincidan es lo que constituye el fenómeno de la paradoja, para Simone Weil algo así como un acto mental capaz de dejarnos entrar en el ámbito de lo que permanece más allá de la razón y de las palabras --eso que a veces llamamos Dios, mientras que las ´´contradicciones ilegítimas´´ provienen de tratar cosas distintas como si fueran iguales, y cosas iguales como si fueran distintas; esta última necedad de nuestro espíritu incluye el mecanismo mediante el cual tendemos a confundir lo que son medios con lo que justamente puede considerarse el fin-en-sí --que no será sino el bien: contradicción cuyos resultados tienden a ser nefastos para el orden, la justicia, la belleza y la verdad, aspectos de lo que muchos quisieran expresar por el nombre de Dios…

Gaía en la tradición griega que podemos decir nos resulta hoy tan pagana como cristiana: sólo en un espíritu vanamente partidista cabe concebir que lo pagano no esté incluido en lo cristiano y viceversa.

Consejos de la Virgen en el Día del Amor y de la Amistad.

Sylvia María de Jesús, feb. 14, 1999.

Ya que el Papa a fin de cuentas ha tenido que reconocer que sólo la ´´evangelización´´ de la Virgen podrá ayudarnos a sacar al buey de la barranca (la del 2000), menester es que esa evangelización, dice la Virgen, comience en serio, pero ya. Por supuesto que la Virgen no podía pasar por alto esta oportunidad para declararse una vez más ante los mortales ferviente defensora de la paz y de la misericordia. Para quienes no creen en la Virgen y en sus milagros, dice, que piensen en ella como en una fuerza o entelequia compuesta de todas las relaciones que existen entre los seres vivientes. No es necesario imaginársela como su imagen, aunque lo uno no quite lo otro, igual que amar a ´´Lupe´´ no quite amar a ´´Cachita´´ (cariñoso apodo de la Virgen de la Caridad del Cobre, ´´patrona´´ de Cuba).

Ante todo, el primer mensaje que Ella nos envía es el que tiene que ver con la medicina. Dice que sus yerbas están ahí para que nos curemos con ellas y no para que los gobiernos las trafiquen y mucho menos combatan. Que eso es pecar contra el mismísimo Espíritu Santo pues en ellas residen el principio y el fin del Amor inmaculado. En mis plantas están todos los remedios que la criatura necesita para acceder a su divinidad, para realizar su potencial plenamente humano que es divino también, dice. La susodicha ´´guerra contra las drogas´´ ha de cesar al instante, por lo menos dejar de ser apoyada por todos y denunciada por lo que ciertamente es: otra fórmula que han divisado los unos para expropiar ilegítimamente a los demás de sus bienes físicos y espirituales. Claro que sólo podrá llegarse a un acuerdo si los damnificados (sobre todo los que han ido a la cárcel por ´´crímines consensuales´´* que sólo por una invención tan nefasta como ingeniosa pueden ser considerados como tales) son en alguna medida compensados en relación a los daños sufridos al mismo tiempo que los culpables son exonerados, implícita como explícitamente según el caso: su castigo y maldad vendrá del cielo, no de los demás hombres quienes, casi todos, han colaborado con el crimen: ´´el que calla otorga´´, dice.

Así que el que esté libre de pecado que tire la primera piedra: Perdónense unos a otros, pero ya dejen de pisotearme las flores, dice. Mis flores son las que contienen los secretos y las “vitaminas” para permitirle al alma su elevación: quien conoce sus usos y sus beneficios, quien ha sabido comulgar con ellas, purificándose en cuerpo y alma, difícilmente caerá en un uso pernicioso de lo que menos conviene. El veneno, así como su antídoto, está en mi cuerpo y es mi regalo para todos. El libre arbitrio de cada cual debe determinar por qué camino toma, si por el “camino que tiene corazón” o si por el del “maligno”, que siempre anda por ahí haciendo de las suyas, poniéndonos a prueba. Eso es obra de la decisión de cada cual. Ningún gobierno puede legítimamente interferir en ello. Las plantas que el cielo otorga no nos pueden ser prohibidas. Tales leyes valen infinitamente menos que el papel sobre el que están escritas y han de ser firme y universalmente repudiadas por medio de actos multitudinarios de desobediencia civil, como único remedio a la testarudez y oportunismo de muchos.

Dice la Virgen que ella siente que el Papa vino a México porque, al igual que el pueblo de México y que casi todos los humanos, hay un hambre de Bien Puro, y este Bien es en primer lugar nuestra hambre de la Verdad. Su hambre de Verdad es más que nada lo que ha traído al Papa a México de nuevo: Él busca morir en la Verdad después de haber vivido en la mentira. Y porque él busca morir en la Verdad y porque la ha declarado evangelizadora del próximo milenio, devolviéndole la Palabra tal cual Ella esperaba y le pedía al oído entre los sueños (´´deja ya de estar hablando en mi lugar, es que no escuchas´´ dice que le decía) Ella, ahora, le invita a comer del manjar de sus dioses, para que pueda al fin llamarse a sí mismo plenamente católico y no tan romano ni tan apostólico sino, más bien, un humano ´´católico´´, es decir, ´´universal´´ --aunque, también, por momentos (qué gusto) mexicano, con su sombrero de charro o lo que mejor se le antoje en el instante. Lo particular es vehículo de lo universal así como el cuerpo es vehículo del alma, y cuando el alma vuela el cuerpo busca regresar a su lugar de origen que es la tierra, no pudrirse en el panteón comido de gusanos sino, más bien, comido de gusanos florecer en el jardín del Señor y de la Señora: tanto que les doy y nada quieren devolverme para que yo les siga dando, se queja…. Para cada mal que existe hay un remedio. Pero para que yo pueda ejercer mi magisterio es necesario que las legislaturas observen en su composición el justo balance que instaura mi natural ingenio, toda vez que se respeta lo que por mi proceder se ordena. A saber que:

Obedecer a la naturaleza es un arte de oficio: respetar sus principios y cumplir nuestro destino dentro de sus reglas la única forma de vivir con ´´impecabilidad guerrera´´. La única forma de vivir sanamente. Primero hay que saber observarla. Pero obedecer a la naturaleza no excluye la voluntad de aceptar que el milagro, que es siempre una violación de la naturaleza tal cual la comprendemos (aunque nos equivoquemos), pueda irrumpir y permitirnos comportarnos, no ya como cualquier humano que acaba siendo lobo de su hermano, sino como el Dios para el que la naturaleza finalmente es pura creación y las leyes naturales cómodamente violables: pero una cosa es que sea Dios el que lo haga y otra que sea el ser humano el que viole los principios básicos de la naturaleza. Si es el Dios de la creación el que nos inspira, lo que hagamos estará bien. Seremos parte de esa fuerza que busca realizarse a la luz de la mirada divina. Pero, si es el Demiurgo –demonio disfrazado de Dios—el que nos aconseja, todo lo que hagamos no hará sino empeorar los efectos del Apocalipsis en cuya cúspide el mundo se encuentra, digan lo que digan quienes se niegan a reconocer la situación y lo que se avecina.

Hay dos actitudes posibles ante la catástrofe. Una es que mejor es no hacer nada porque nada se puede contra ella y sólo queda confiar en los milagros mientras se reza o no se reza. Otra es que siempre se puede trabajar por un mal menor, de alguna forma, mientras se reza porque el milagro ayude. La segunda actitud es la que provoca los milagros. Ayúdate y Dios te ayudará. La primera deja al ser humano enteramente a la deriva de lo desconocido y esto, en sí, es fuente de caos y no de serenidad y dominio del momento. Saber qué hacer o qué no hacer, en ciertas circunstancias, desde el punto de vista moral, con todas sus consecuencias prácticas, es lo que importa. Por ejemplo, el canibalismo que casi todos los pueblos en algún momento han practicado. El comerme físicamente a mi hermano puede ser un acto de crueldad o un acto de misericordia. El consentimiento del que se presta a convertirse en alimento de sus hermanos, como en el caso ejemplar de Jesucristo, trasmuta un acto de violencia y de ferocidad en un acto de misericordia y de amor divinos. Lo que importa en este mundo, y en el universo, no es tanto lo que se hace como lo es el modo, motivación y espíritu de lo hecho: el resultado será distinto en su esencia y no ha de caber duda del amor y la justicia inherentes al acto.

Ahora lo que más importa es velar porque las jerarquías que toman las decisiones en medio de circunstancias críticas sean jerarquías legítimas. Una jerarquía legítima tiene que estar compuesta por seres que han llegado a una visión amplia y profunda de la naturaleza de la realidad misma y de la realidad total que encarnamos. No es legítima una jerarquía en la que las mujeres no formen parte crucial de la toma de decisiones. No hay un congreso con legitimidad sin que por cada macho no esté incluida una hembra en las deliberaciones. No habrá sistema judicial ni ejecutivo legítimo mientras las mujeres no conformen el cincuenta por ciento de los cuerpos que deliberan y deciden las cuestiones de más alto alcance para la sociedad y sus miembros. Todo esto es demasiado obvio como para requerir mayores explicaciones y ya muchas de mis hijas están haciendo valer los puntos al respecto. No es posible que el mundo se siga gobernando por medio de decisiones que están siendo tomadas por personas principalmente de un solo sexo quienes, además, ejercen su influencia en el momento en que ellos mismos ya no están plenamente en sus cabales: se acaba de mostrar sobre pantalla que el cerebro del macho se encoge y que sus facultades perceptivas y de adaptación se pierden drásticamente en la tercera edad. Por su sexo y edad, la mayoría de los legisladores pertenecen al grupo de los menos aptos para gobernar, fuera de la infancia más inmadura. Las mujeres por el contrario tienden a florecer de muchas formas con su entrada en la plena madurez.

Es inevitable, justo y necesario, pues, que las mujeres se hagan escuchar y tomen el liderazgo en prácticamente todos los frentes, especialmente las valientes abuelas pues ellas reúnen experiencia y plenitud de todas sus facultades en mayor medida que el resto de la especie. Ellas son las mejor preparadas para decidir cuáles serán las formas más adecuadas de la expresión del respeto que se le deba a la persona humana y a la vida como vehículo para la realización de la belleza, de la justicia y de la verdad –esos distintos rostros del Amor sin los cuales la vida misma no tiene sentido. Contradicción ilegítima e “insustentable” pretender “defenderla” a punta de bayonetas, con bombas y metralletas.

Las obligaciones hacia nosotros mismos y hacia quienes dependen de nosotros son las primeras. Las obligaciones hacia los no-natos son secundarias en relación a ésas, excepto en la medida en que se sirve a la sustentabilidad de la procreación en sí. Sólo de forma irresponsable se niega el fenómeno de la sobrepoblación. Si la riqueza humana que se emplea en fabricar armamentos y en llevar hasta sus últimas consecuencias, con sólo amenazar con ellas, guerras de todo tipo –si toda esa labor humana fuese empleada en garantizar que la tierra sea tratada con respeto, que podamos movernos en nuestros cuerpos como los templos que son de nuestra alma, el aborto desaparecería prácticamente: no sería necesario como lo es ahora. El Papa parece haber olvidado, o no querer recordar, que en la Tierra estamos sujetos a la necesidad y que ésta a veces exige tomar acciones que no cumplen con nuestras aspiraciones ideales pero que son éticamente aceptables si evitan un mal mayor. Un mal menor a menudo es el mayor bien al que podemos acceder.

Pero para que podamos gobernarnos como Dios manda, primero es necesario seguir los consejos que la Virgen nos da tan pronto nos hacemos disponibles a ellos. El buen uso de nuestras plantas sagradas es el primero de sus mandamientos, de los que todos los demás prosiguen pues es gracias a ellas que sabremos realizar nuestro Bien. Tanto el Bien como el mal habitan en nosotros y nuestras plantas nos ayudan a realizarnos, ya sea en lo uno o en lo otro. Ellas facilitan, ellas instruyen. Pero es nuestro don y libertad escoger entre el puro Bien y el mal, que aunque mucho daño haga, nunca es puro o ´´absoluto´´. Sólo el Bien supremo es absoluto y pasa por aquí muy escondidamente. Mal Absoluto no hay sino en efigie y el diablo es un pobre diablo que por mucho que fastidie, acaba por claudicar.

Es por lo que Dios lleva las de ganar. “Al final de los tiempos”, el Bien absorberá el mal, se ha dicho. Es éste el más tremebundo de los misterios, imposible de explicar. Sólo la poesía, en algunos momentos, roza el infinito, lo que no tiene principio ni fin, y que habita, a la vez, dentro del “tiempo” y del “espacio” y más allá de esa dimensión de la conciencia que a veces nos es dado superar gracias a la oración a la que nuestras plantas invitan y conducen.

Para nuestra América la Virgen quiere un gran pacto que una a los pueblos más allá de las fronteras nacionales en unos Municipios Unidos de las Américas, cuyas leyes les den a los seres humanos, a las personas, derechos ciudadanos en todos sus lugares de trabajo y de bien estar: que la ciudadanía sea municipal e intermunicipal a través de las distintas regiones. Éstas han de definirse con base en la geografía, en la ecología y en la historia de las culturas de cada lugar. Lo universal ha de realizarse plenamente por medio del especial canto que cada cultura añade al gran concierto cósmico. Sólo así ha de comenzar a brillar la gran Ciudad que San Agustín soñó en su día, a quien le debemos en gran parte la caída en desgracia del suicidio por motivos más afines a la política y al dañino espíritu de partido de la iglesia oficial que porque éste pueda legítimamente ser considerado un “asesinato de sí mismo” (fallo da se, ver nota marginal). Es éste el tipo de despropósito que se le debe a una burocracia tan corrupta como cualquier otra y poco distinta, en su esencia totalitaria, a la de todos los demás partidos, llámense comunistas, social demócratas, republicanos, o lo que se les dé la gana (sin excluir a los ecologistas).

Donde hay salud, hay belleza. Es ella el índice más espectacular de la salud de la que disponemos. La ética y la estética van de la mano así como la ciencia y la religión a partir del momento en que la filosofía reconoce, y acepta, que es la poesía su más excelsa realización. Ciencia y religión coinciden en el acto poético, en la pura creación. Por eso, dice la Virgen: Amáos los unos a los otros y sed, ante todo, poetas.

Valle de Bravo, febrero de 1999 (Última revisión, febrero 14, 2001).

· Desde el punto de vista jurídico, no puede decirse que exista crimen alguno en actividades en las que es imposible producir el “cuerpo del delito”. La noción de que uno pueda ser su propia víctima y que como tal deba ser protegida de sí misma pertenece al ámbito del pensamiento doctrinal totalitario con el que Roma logró infectar al cristianismo puro desde sus albores. San Agustín, no siempre tan santo que digamos, insistió en conseguir que el suicidio se convirtiera en el equivalente de un asesinato de sí mismo (fallo da se). Con ello aseguraba el fortalecimiento numérico de su propio partido (los partidos, decía Simone Weil, son como “animales de engorda” --sólo el crecimiento de los demás impide el propio crecimiento sin límites). Se prevenía con ello que los adeptos a la iglesia de Roma acabasen con sus sufrimientos en esta tierra a deshora, trasladándose voluntariamente al paraíso que se les prometía (sobre todo si, en nombre de Cristo Rey, se dejaban comer por los leones).

El ámbito de lo público no puede legítimamente interferir en el ámbito de lo privado, así como lo estrictamente privado no puede sin daño irrumpir en lo que es propiamente del dominio público. Veo tres áreas que requieren un tratamiento distinto: el de lo estrictamente público, el de lo estrictamente privado y el que viene a ser como un parte-aguas donde los dos extremos se mezclan, según las circunstancias. Sobre esta base y entendimiento es que la legislación habrá de considerar la materia que le es propia y afinar sus instrumentos.

NOTA FINAL de CONSEJOS DE LA VIRGEN EN EL DIA DEL AMOR Y DE LA AMISTAD: CONTINUARÁ CON UNA EXPLICACIÓN MÁS DETALLADA, ENTRE OTRAS COSAS, DE LAS BASES NO PARTIDISTAS, MAS SI COMUNITARIAS, SOBRE LAS QUE SE APOYARÍAN LOS GOBIERNOS MUNICIPALES, REGIONALES E INTER-REGIONALES BAJO UN NUEVO RÉGIMEN DE CIUDADANÍA MUNICIPAL E INTERMUNICIPAL A TRAVÉS DEL CONTINENTE A ELEGIRSE MEDIANTE VOTO DE REFERENDO --A SABER: SI SE PREFIERE SER CIUDADANO DE UN PAÍS O, EN SU LUGAR, DE UNA CONSTELACIÓN DE MUNICIPIOS DEFINIDA POR LOS NEXOS DE CADA QUIEN CON OTROS SERES Y GRUPOS HUMANOS EN DISTINTAS PARTES DE NUESTRO CONTINENTE Y, EN SU MOMENTO, DEL GLOBO.

Tercera parte de la ´´RESPUESTA GUADALUPANA: La Virgen de Guadalupe propone, para que los humanos dispongan en su más plena libertad:

“Lo que es mejor no puede proceder de lo que es peor” aseveró en su momento “La Marciana” Simona Weil (1909-1943). Para que pueda haber esperanza, es necesario mirar en la dirección de una urgente elevación espiritual para la cual muchos humanos se vienen preparando. El sabio uso de nuestras plantas sagradas nos ayuda a elevarnos, a purgarnos de nuestras porquerías. El “diablo”, el “maligno”, quiere que nos dejemos llevar de su mano y para ello nos tienta con sus chingaderas, todas esclavizantes y aniquiladoras de nuestra humanidad. Lo que ciertas “drogas” destruyen, y no otras, es la voluntad de la persona. Sin su voluntad, el ser humano rescinde de lo que lo distingue de las bestias, sin haber por ello ganado en la natural sabiduría de las mismas, que es la que las determina en su propia especie y las hace parte de un todo que en sus cuerpos resuena y se completa.

Preferible ser una bestia, cualquiera, que no un humano desprovisto de su poder de voluntad sobre sí mismo. Al contrario de aquéllas, ciertas “drogas” tales como el alcohol y la cocaína aniquilan la voluntad de dominio sobre sí acrecentando desmedidamente la voluntad de dominio sobre los demás: es ése el destino moral de un sujeto esclavizado por sustancias diseñadas para beneficiar a sus proveedores y no a sus consumidores. He ahí una vez más la marca del maligno.

Pero hay plantas que Naturaleza da de su propia cosecha, que obran en dirección de fortalecer nuestra voluntad del bien –que nos elevan en lugar de subyugarnos—y gracias a las cuales nuestra aspiración a esa suprema libertad que sólo Dios otorga y por la cual limita su omnipotencia, al fin llega a realizarse plenamente. Hay plantas incluso que nos enseñan a respirar así que podamos conectarnos de forma umbilical con el firmamento y con todos los seres que, bajo él, nos rodean --ya sea que estos mismos respiren o no, que pertenezcan al mundo orgánico o al inorgánico.

La suprema libertad es justamente el sine qua non –aquello sin lo cual no puede haber amor. La disyuntiva, pues, no es entre la libertad y el amor sino entre amar y no amar, entre ser libres o no. Así como para poder amar se ha de ser libre, y que sólo siendo libres es posible amar, la más excelsa libertad que nos aguarda será la de la libertad en el amor. Sólo de tan sagrada unión surgen los seres destinados a realizarse plenamente; hay que respetar la libertad que Dios otorga a cada uno de nosotros pero, también, obrar porque vengan al mundo sobre todo –si no exclusivamente—ésos quienes son fruto del amor, ya que sólo de lo mejor procede lo que es mejor, así como lo peor sólo da vida a lo que le es peor: todo ello por obra y gracia de Naturaleza que es obra divina gestora, instigadora, de nuestra divinidad.

Oremos porque sea el Amor entre un hombre y una mujer el que se ocupe de conformar al ser humano; la nueva ingeniería genética sin el ingrediente del Amor también pareciera invento del “maligno”: La buena ciencia será la que ayude a los hombres y a las mujeres a concebir en el amor --la que ayude a la naturaleza a realizarse en la dirección en que ella parece querer ir, siendo que sólo así, obedeciéndola, podremos manejar sus fuerzas para nuestro bien en lugar de para nuestra total destrucción.

Claro que puede haber dificultad en decidir qué es lo que el templo vivo de la Naturaleza nos está diciendo con sus “oscuras, silentes palabras”. Éstas buscan ser traducidas para la conciencia humana. Ahí es donde las plantas más poderosas pueden ayudar. Son ellas el puente entre la conciencia del hombre y el cuerpo infinito de Dios, mediadoras de la sabiduría de la Madre que nos conecta al Todo viviente dentro de nuestros corazones y, más allá de nosotros mismos, al Todo que es nosotros y que nos trasciende. Ellas nos abren a la creación que siempre espera completarse en lo más recóndito de nuestro pecho, aun sin que nos demos cuenta de ello. Gracias a ellas conoceremos nuestro corazón y realizaremos con nuestras manos y nuestro espíritu las labores de la creación --seremos co-creadores en igualdad de condiciones con Dios, espejo y reflejo su mirada. Gracias a sus enseñanzas accedemos a la más excelsa filosofía que sólo brota de la Poesía. Gracias a ellas yo y el mundo juntos somos el Poema que Dios exhala en su silencio –luz de su alborada y tarde de nuestro ensueño. (Nota de febrero de 1999, Colonia Condesa, México D.F.)

Sigue la PROPUESTA GUADALUPANA DE MARZO DE 1999. TRANSCRITA CON EL REGOCIJO DEL COMIENZO DE LA PRIMAVERA y dedicada a las varias celebraciones del 21 DE MARZO,

EN VALLE DE BRAVO, Edo. de México:

“Que dejen de pisotearnos las flores”.

DONDE TAMBIÉN SE EXPLICA ALGO SOBRE EL PAPEL DE LA MEDIUM:

LA ENCARNACIÓN DEL ARQUETIPO DE LA VIRGEN EN LAS DISTINTAS REGIONES DA LUGAR A LAS “DISTINTAS” VÍRGENES, QUE SON SÓLO UNA A NIVEL GLOBAL Y MUCHAS A NIVEL LOCAL.

La Caridad del Cobre se desdobla en Ochún, deidad del agua dulce, no del agua salada como en la imagen de la Virgen del Cobre, donde se la ve flotando sobre el mar. El mar para nuestras gentes es Yemayá y La Caridad del Cobre así vendría a ser la conjunción de ambas aguas y del Monte donde crecen todas nuestras yerbas y flores más sagradas. Así mismo, la Virgen de Guadalupe es el Arquetipo de la dadivosa madre en cuyo seno se gestan nuestras flores sagradas: “rosas” en aquella época no eran “rosas de Castilla” precisamente sino todas las flores, incluyendo las “de poder” --ésas de las que México es el más prodigioso dador del orbe y no sólo del Continente.

Principales entre las flores sagradas más nobles y aliadas a la comunión son el hikuri (lophophora williamsi) y los teonánacatl --curiosamente o como habría de esperarse, teo=dios en sánscrito, griego y en todas las lenguas derivadas de aquéllas, como no también en lengua náhuatl: se trata de los hongos sagrados como ésos que llaman “derrumbes” y “pajaritos”. (Una de mis hijas, Sylvia María de Jesús, le ha ofrecido a Fidel Castro* su comunión mediando la ingestión del Cuerpo de Cristo que tan presto se da en los campos de Cuba desde la llegada del ganado vacuno, y sobre todo del cebú de la India --pues habrá sido ésta la razón primera por la que el ganado se reconoció sagrado en la India: me refiero a la stropharia cubensis que crece en las generosas plastotas de la reces.) Al hikuri o peyotl lo han usado los pueblos norteamericanos y mesoamericanos desde tiempos ancestrales en ritos que sólo la incomprensión oportunista y el vicio de conquista de los romanos (quiero decir de la iglesia oficialista, burocrática y represiva de entonces y de ahora) llevó a condenar como diabólica –todo ello mientras se imponía la más abyecta esclavitud mediando la intervención no sólo de las armas sino de otro devastador instrumento de dominio que, igualmente, persiste y se acrecienta y que consiste en el uso desmedido y avasallante del alcohol --más diabólico que divino, desde casi cualquier punto de vista, aunque sus adeptos lo defiendan a capa y espada. Sólo una difícil temperancia lo controla. Temperancia que las plantas sagradas parecen asegurar. (* So far no answer…de Fidel.)

Por supuesto que una cosa es el “uso” y otra el “abuso”, y hay “drogas” (así llamadas por conveniencia de quienes ganan con confundir las cosas) que exigen mucho más de lo que dan: la cocaína, la heroína… pero sobre todo, mundialmente y a través de todas las esferas sociales, las bebidas alcohólicas tan elegantemente promovidas por todos lados. La planta de coca natural por supuesto que también es sacrosanta, divina, y ello en la misma medida en que puede resultar mórbida la coca química.

Pero las hay que dan infinitamente más de lo que quitan y que, por ley natural, no pueden ser prohibidas, habiéndolo sido tan sólo para que se puedan realizar las ganancias asquerosas provenientes del negocio, tanto lícito como ilícito de armamentos y de las sustancias mismas --cuyos ingredientes se producen y venden con entera legalidad: Las leyes normativas no poseen ninguna lógica inherente a la naturaleza de las sustancias y sólo responden a los intereses de los traficantes, al mismo tiempo que ponen a su servicio normas jurídicas que desafían todo rigor y que las señalan como anticonstitucionales y totalmente exentas de algún valor positivo: no son sino un instrumento más del estado en contra de sus súbditos o “encomendados”. “A César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios”, he ahí el principio violado: pues es aquí dónde César “pior” me está pisando el cayo, dice Dios. Y la madrecita Virgen de vírgenes, la Guadalupana. La que nos ampara.

Es la prohibición, igualmente, la que permite que se trafiquen todo tipo de porquerías que nadie ni probaría si nuestras plantas divinas nos fueran devueltas y dejaran de estar siendo satánicamente satanizadas. El cerebro humano está programado por madre naturaleza para recibir el efecto tranquilizante y edificante de algunas de las yerbas y semillas, tubérculos y flores, más preciadas y cultivadas por la humanidad a través de los milenios --como son las hermosas y sedantes “amapolas” (en lugar de la devastadora “heroína”, resultado de su cocción más dañina) junto a las distintas cannabis, el cáñamo de múltiples, útiles y nobles usos que van desde el papel y la soga hasta el aceite combustible --aparte de la gran variedad de embriagantes aromas conducentes a un estado de bienestar sin par. Es la forma que tiene la Naturaleza de regresar a la contemplación de sí misma y de convertir el “trabajo” en juego, en fuente de placer. Es la respuesta de la Naturaleza a la necesidad de que el ser humano entre en contacto con la totalidad de su ser: Las plantas “enteógenas” le devuelven al espíritu facultades que no pueden operar en cada momento pues podrían interferir con el funcionamiento de otras áreas de la percepción y del entendimiento necesarias para cierto tipo de desenvolvimiento. Divorciarnos violentamente de estas probadas y benditas plantas, sin embargo, constituye el verdadero crimen pues nos aleja del tesoro que hay en nosotros mismos y que ellas nos reintegran –y ello sin que tenga que haber pugna entre el cultivo de un estado de conciencia y otro, siendo que todos son buenos y necesarios, si bien también es cierto que todo lo necesario no siempre es bueno. (La más terrible de las aflicciones espirituales, la esquizofrenia, sólo con amor se cura --y sí se cura.) Gracias a mis flores sagradas es que los hombres supieron respirar como se debe y es por ellas que adoptaron las antiquísimas prácticas de la meditación profunda como el yoga, con cuyo estudio nuestro latinizado, o “romanizado” cristianismo sólo puede seguir enriqueciéndose.

Así que: La prohibición lo que persigue es que algunos se hagan ricos con lo que Dios nos regala por medio del cuerpo de gloria que es Nuestra tierra virgen, en la pureza del monte y de la selva y en los páramos desérticos donde brotan sus más preciadas flores, nuestro consejo. Esas flores que los ejércitos deberían estar ahí para proteger y ver que se propaguen y que nos sirvan, en lugar de vendérnoslas tan caras, dejándonos traficarlas a costa de sobornos y de tantas muertes violentas.

Todo esto que refiero es un sacrilegio y un pecado en contra del Espíritu Santo. Nuestras plantas sagradas no pueden seguir siéndonos arrebatadas so pena de que acabemos por perder nuestra conexión más profunda con la bendita tierra que nos ampara.

.MUJERES DEL PLANETA UNÍOS –SÓLO LAS CADENAS TENÉIS QUE

PERDER

La Virgen señala que ya ha sido probado lo que la humanidad siempre supo antes de que se engañara: que las mujeres tenemos dones que no tienen los hombres y que no se puede legislar de forma balanceada y respetuosa ante la totalidad real que nos constituye mientras las mujeres no ejerzamos una fuerza decisiva en las decisiones a tomar, por lo que:

TODA LEGISLATURA Y DEMÁS PODERES --JUDICIAL COMO EJECUTIVO--HABRÁ DE CONSTITUIRSE SOBRE LA BASE DE “POR CADA HOMBRE UNA MUJER”. El ejecutivo será integrado por un hombre y una mujer, no necesariamente casados, de preferencia amigos, quienes tendrán a su cargo las decisiones ejecutivas sobre una base de compartir algunas decisiones (consenso entre ambos requerido) mientras que otras decisiones dependerían del criterio de la mujer solamente, cuando no del hombre solamente. Así mismo, los puestos legislativos serían por pareja de varones y hembras y en algunas cuestiones sólo los hombres o las mujeres decidirían. Los hombres elegirían a los hombres y las mujeres a las mujeres. (Por lo que gana cada legislador, ahora, se puede remunerar a un hombre y a una mujer de forma equitativa y justa, en igualdad de obligaciones y beneficios.)

Los municipios elegirían a la vez a sus representantes sobre una base no partidista y éstos, cada uno, a una pareja –a un hombre y a una mujer—para que, sin dejar de votar a nivel municipal puedan hacerlo a nivel regional en relación a asuntos que interesan a todos los municipios pertenecientes a un territorio o región. Las regiones votarían y sancionarían a nivel regional sobre asuntos que abarquen a más de un municipio y que compartan un mismo territorio geográfico o región ecológicamente determinada; el último eslabón de la red interdependiente sería el cuerpo legislativo y jurisdiccional que comprende a varias regiones o a todas las regiones del Continente. Los representantes regionales conformarían la Unión Continental y los distintos continentes podrían conformar la Unión Mundial de Regiones Interactivas en lugar de lo que hoy son la “Organización de Estados Americanos” o las “Naciones Unidas”.

Aquí les van algunos nombres y siglas que suenan bonito:

LOS MUNICIPIOS UNIDOS DE LAS AMERICAS…MUA

UNITED MUNICIPALITIES OF THE AMERICAS…UMA

MUNICIPALITÉS UNIES DE L´AMÉRIQUE…….. MUA o MULA

ASOCIACIÓN AMERICANA DE MUNICIPIOS

REGIONALES E INTERREGIONALES................................. AMRI

UNION MUNDIAL DE BIORREGIONES INTERACTIVAS........... UMBI

En cada región se llevaría a cabo una demarcación de las áreas públicas municipales regionales e interregionales. Las áreas públicas regionales servirían de acceso entre los distintos municipios de una y otra región. El ejército sería rediseñado en tanto que facilitador de los intercambios reconocidamente necesarios y no, como ahora, impedimento a que los intercambios pacíficos más deseables tomen lugar.

Los seres humanos no deben verse sujetos jamás a decisiones por parte de agencias ajenas a sus relaciones humanas en el mundo. Es en primer lugar y ante nada la familia la que puede intervenir en los mecanismos de mutua dependencia que ya existen y que se crearán en las diversas localidades para que sus miembros viajen de una localidad a otra mediando vínculos regionales e interregionales. Por medio de esta red familiar intermunicipal, la ciudadanía se vería ligada en primer lugar a la civitas, al municipio –y no ya a la nación estado cuyas funciones y principios han sido rebasados y desbordados a partir de los nuevos sistemas de comunicación y de las nuevas como viejas realidades a las que se hace preciso atender.

El propósito inter-municipalista de que los intercambios sean directos de localidad a localidad, dentro de una misma región y entre ellas, apunta hacia la creación de sociedades en las que lo íntimo y lo público compartirían un espacio intermedio que habría de ser el parte-aguas de las esferas pública y privada, en el que los individuos decidirán dónde termina la una y comienza la otra; en lo espiritual, el respeto al libre arbitrio individual consagra un “espacio vacío” al centro de cada conglomerado urbano y/o rural por medio de un silencio respetuoso donde el alma individual pueda proyectar su propia sombra en busca de un rostro particular que ilumine lo que es pura esencia por sus mil aspectos reflejada. Esto es bueno y necesario ya que sólo a través de lo singular, de lo particular, puede llegarse a lo que es idéntico en cada uno de nosotros: a esa unidad esencial que escoge pasar por la multiplicidad para así llegar a redescubrirse como en el primer momento de la Creación. ¡Para que siempre haya sorpresa, reencuentro, reencarnación!

La falta de documentación migratoria ha sido convertida en fuente de crímenes personales cuando lo verdaderamente criminal consiste en mantener indocumentadas a las personas en contra del más básico de los derechos humanos. La inoperatividad virtual de los gobiernos nacionales es lo que obliga a la humanidad a padecer los más graves oprobios.

Bajo el manto de los Municipios Unidos de las Américas cada ser humano sería reconocido en tanto que persona con obligaciones que han de permanecer en concordancia con sus derechos, o al revés: los derechos serán consecuentes con las obligaciones que se desprenden de las múltiples relaciones familiares y sociales entre las que el ser humano se desenvuelve. Cualquier otra cosa es inhumano, cruel y totalmente inaceptable: poder reclamarse de una o varias patrias en nuestro continente o en el globo es a lo que el ser humano en su crucifixión actual aspira, para ya no verse más en la trágica disyuntiva de tener que traicionar a una “patria” para poder quedar bien con la otra mientras se sufren mil torturas, exorbitantes gastos, humillaciones, atracos y muertes sólo en el proceso de trasladarse de un lugar del Continente a otro y –para colmo—tener entonces que trabajar como el más oprimido de los esclavos bajo el obsceno, inaceptable estatus de “indocumentado”.

EL ESTADO NACIONAL OBSOLETO Y BRUTAL IMPIDE QUE PODAMOS ACTUAR RESPONSABLEMENTE CON NUESTRAS DISTINTAS RAÍCES EN LA TIERRA. Es por lo que urge encontrar el modo de poder ser fieles al todo perteneciendo más plenamente a cada lugar. Los intercambios poblacionales no pueden quedar supeditados al azar o a la “lotería” ni a disposiciones y trámites enteramente ajenos a las posibilidades de los interesados. La cárcel que les imponen los estados nacionales modernos a sus atribulados súbditos, igualmente, constituye fuente de las más atroces injusticias. Sólo haciendo desaparecer a cada estado nacional por común consenso habremos de liberarnos del Terror de siglos.

Para que la transición pueda ser ordenada es perentorio que emerja esta opción, hoy día prácticamente viable, que surja como una alternativa refrendada en todos los municipios de todos los países del Continente americano como vía para la realización de las esperanzas que alguna vez inspiró el ahora tan desdichado nombre de América. Se escoge ser ciudadano ya sea de un país, como en la actualidad, o, en su lugar, de una constelación de municipios capaz de responder a los requisitos específicos de cada cual según sus posibilidades específicas: un plan ciudadano hecho a la medida de cada quien con el apoyo de nuestras familias extendidas compuestas de consanguíneos, parientes y amigos, organizaciones civiles, iglesias, corporaciones, ligas obreras y artesanales, escuelas etc…de forma tal que cada cual pueda cargar con su propio curriculum ciudadano, hecho a su medida. En muchos casos éste iría creciendo con el tiempo o cambiando según la orden del día.

Sólo así será posible transformar una economía de guerra en una de paz --que no habrá de ser, por supuesto, la del crecimiento hasta ahora conocido, perpetrado contra nuestro medio ambiente, sino la del reciclaje y rescate de nuestro patrimonio humano entendido éste como el de la naturaleza viva que nos da de comer, y que nos alimenta no sólo por nuestras bocas y poros y pulmones, sino por los ojos en los que la hermosura nos habla de la salud: esa Belleza que evapora la distancia entre nuestros cuerpos y el cuerpo de gloria de la Encarnación. Sólo en la Belleza se da el Santo Amor del Santo, imagen viva de la salud y del bienestar, tanto física como espiritual: en la suprema perfección, la dicotomía cuerpo/espíritu se apaga.

Si bien las luchas étnicas y religiosas, dadas las extraordinarias presiones demográficas ahijadas en la irresponsabilidad más total, quizá no pudieran ser abatidas por completo, su incidencia se reduciría a partir de un ordenamiento que tenga como objeto la satisfacción de las verdaderas necesidades terrestres del cuerpo y del alma, y no ya la satisfacción de los requerimientos de los acumuladores de capital. Éstos no resistirán el impacto de lo que se espera, ni probablemente tampoco el impacto de lo que quizá no se espera pero que sin duda vendrá. Los miles de millones que mueren a deshora como resultado de la locura de los últimos siglos, al igual que como resultado de los naturales procesos del ciclo de la vida, deberán ser enterrados así que sus cuerpos nutran a la tierra para que ésta pueda seguir alimentando a quienes logren sobrevivir al impacto del caos actual e inmediato. ¡Que nuestros propios cuerpos alimenten al de nuestra madre para que de ella brote un nuevo manjar --para que podamos heredar, al fin, nuestro cuerpo de gloria! En eso consistiría, real y verdaderamente, una “santa sepultura”…

PAPEL DE LAS MONARQUÍAS YA EXISTENTES Y DE LAS QUE SE CREARÍAN. LIBRE EMPRESA” SÍ,CAPITALISMO” NO.

Podrían verse más “monarquías socialistas” –o mejor, “comunitaristas”, es decir, parlamentarias pero en las que los monarcas entretendrían una relación especial no tanto con “súbditos” en el sentido tradicional como con miembros de una mancomunidad sea ésta angloparlante, hispanoparlante, francoparlante, lusoparlante, cherokee, náhuatl, chichimeca, yaqui, mazahua, mazateca, chicana etc… Los representantes simbólicos de la mancomunidad de una lengua podrían ser el Rey y la Reina de Inglaterra por ejemplo, o de España (o sus Príncipes y Princesas cansados de esperar la corona que la longevidad creciente de la humanidad les escatima) o un poeta y una poeta laureados y amados tal cual han sido tantos (como un Víctor Hugo o un Rubén Darío, una Avellaneda o una Mistral, sin olvidar al gran Netzahualcóyotl).

“Socialistas” no “estatistas”, antes que “capitalistas” en la medida en que, si bien “la libre empresa” no puede ser prohibida por razón de naturaleza --ya que el trueque entre “libres empresarios” ha sido y será la forma natural de los intercambios -- el capitalismo entendido como la transformación de los medios de intercambio en el fin-en-sí de esos intercambios (donde la consabida “moneda”, a la par de sus variantes, que debió facilitar y hacer los intercambios más justos y fluidos, acaba por impedir, antes que facilitar, los intercambios más elementales) quedaría prácticamente eliminado --a Dios gracias y ¡no faltaba más! Los mismos conocimientos y tecnologías que agenciaron los desafueros pueden posibilitar su corrección, aunque sólo previo un conocimiento bien fundado (sin el cual sucumbimos ante la “falsa erudición” --que, de todas las formas de ignorancia, sin duda es la peor).

Los políglotas participaríamos en varias mancomunidades definidas por el uso de una lengua común y sacaríamos el provecho merecido al participar en varios mundos lingüístico-culturales, sin que ser miembro de una mancomunidad pueda entrar en conflicto con la más plena membresía en otra(s).

DESAPARICIÓN DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS COMO FÓRMULA PARA LA SELECCIÓN DE GOBERNANTES.

Los consejos de gobierno o parlamentos serían seleccionados sin la intervención de los partidos políticos en las contiendas. Éstos, de insistir en persistir, al menos se verían impedidos de inyectar su veneno en la discusión de los asuntos públicos de importancia y se limitarían a presentar propuestas de ley ante los consejos legislativos y de gobierno. Los ciudadanos electos a los consejos de deliberación estarían obligados a decidir sin la intervención de intereses ajenos al bien público, único criterio permisible a la hora de legislar (tal como tan sólo se supone que sea ahora). Para que este proceso resultara lo más incorruptible posible, la actividad de los escogidos como legisladores, jueces y ejecutivos, estaría constreñida a permanecer transparente, con un plan de retiro lo suficientemente atractivo como garantía parcial en contra de una corrupción que, de tener lugar, podría ser penada con la muerte, incluso. No es a una mujer que mata por defenderse a la que habría que ejecutar, como han sido tantas, sino a quienes violan el mandato de “mandar obedeciendo” (frase tan bien encontrada del movimiento zapatista...).

Al mismo tiempo, la aceptación jurídica del concepto de “crimen consensual” no tendría cabida en el seno de un orden respetuoso de la verdad, de la justicia, y de la libertad e integridad inviolables de la persona. Para que pueda haber justicia en nuestros tribunales es necesario primero que éstos no pasen la mayor parte del tiempo juzgando “crímenes” que no pueden serlo sin que medie la corrupción del concepto mismo de justicia y todo ello para que los verdaderos crímenes permanezcan en su inmensa mayoría impunes. Sólo donde haya habido violación de la voluntad de alguien en relación a su persona y/o propiedad es que puede decirse que haya habido crimen.

En relación a la violencia intrafamiliar, los abusos y el maltrato de una mujer, de los hijos o parientes (excepcionalmente de un hombre), no deben ser vistos como de la incumbencia directa del dominio público: sólo mediando el infinitamente complejo telar de las relaciones humanas bajo un régimen drásticamente alejado del que nos fuera impuesto durante siglos, será posible que las mujeres vayan recuperando su ancestral poder de decisión, haciéndose respetar una vez más como aquella mitad que, sin ser mejor ni peor en sí, resulta esencial e irremplazable. Para que los dones de la mujer logren enderezar la barca, el ámbito público velará sobre todo porque su voz sea escuchada allí donde se ventilen asuntos de importancia para la comunidad y, también, velará porque cada mujer disponga de uno o varios grupos de apoyo a los que poder acudir, según mejor le parezca. Los conflictos familiares que no puedan ser resueltos exclusivamente a partir de la intimidad entrarían a discusión y resolución dentro de esa área intermedia entre lo público y lo privado a la que la persona afectada podrá recurrir en su momento.

HASTA AQUÍ, Y POR LO PRONTO, ESTOS “PENSAMIENTOS DESORDENADOS” EN PRO DE UN ORDEN SUPERIOR.



[1] Desde que se redactó este ensayo, el Purgatorio famoso en el que nos hicieron creer desde la más tierna edad resulta que misteriosamente ha desaparecido… sin hablar del limbo...

 


Last Updated on Thursday, 14 February 2013 14:10