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RESPUESTA GUADALUPANA II: ECOTEOLOGÍA DEL AMOR: CARTA ABIERTA AL PAPA desde lo más profundo del México profundo

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“ECOTEOLOGÍA DEL AMOR”: Desde lo más profundo del México profundo: (1)

CARTA ABIERTA AL PAPA

Lo primero que el Papa Juan Pablo II ha puesto al descubierto para todos con su visita al pueblo mexicano es el inmenso, inconmensurable hambre de Dios que existe en el corazón de nuestras gentes, su inocencia y su infinita capacidad de amar y de reciprocar en el amor. Es esto lo que ha resultado más exaltador en su recién concluida visita: haberle hecho palpable al mundo el gran corazón del milenario pueblo cuyo nombre, según algunos de los que dicen saber, significaría “el lugar donde el Sol y la Luna se unen”: sitio de conjunción de la noche y del día, puerta abierta sobre el Misterio de la Santísima Trinidad. En segundo lugar, hemos tenido la oportunidad de repasar la carrera de Carol Wojtyla una vez más y de hacer el balance de lo que realmente ha significado el papado de este monje tan vigoroso quien, en veinte años, parece haber envejecido cuarenta. (2)

Aparte de las esperanzas a las que siempre ha dado lugar, los resultados netos de la evangelización llevada a cabo por Juan Pablo II durante estos últimos veinte años forman buena parte de los problemas que acosan ya no sólo a ´´los de abajo´´ sino a ´´los de arriba también´´.

No me cabe la más leve duda de que el gesto que más debemos agradecerle al Papa es el de haber reconocido, de forma implícita, si no explícita, el fracaso de todas las fórmulas de convivencia puestas en marcha por nuestra civilización orientada hacia el consumo: civilización de la cual Roma ha sido, y continúa siendo, subsidiaria. Pero, si su gesto en declarar a ´´la Morenita´´ la Evangelizadora del próximo milenio ha de ser visto como algo tangiblemente más enaltecedor, esperanzador, verdaderamente salvífico, que un ardid retórico encaminado a emocionar a las masas hambrientas de verdad, de belleza, de justicia y de amor --de un pan que sepa a verdadero pan (como dice Simone Weil del pan que compartiera Cristo, alguna vez, con ella bajo una mansarda de la vieja Marsella)—si de algo habrá de servirnos el que, antes de morir, un Papa haya declarado a la Virgen de Guadalupe la Evangelizadora del próximo milenio, obligación nuestra es tratar de explicarnos, de analizar, qué es lo que esta última encomienda de Roma para nuestra América podría significar a la larga como a la corta. Creo que tenemos aquí los mexicanos una gran oportunidad, un reto de buscar y de encontrar, en el arquetipo materno, terrestre y lunar de nuestra Virgen de Guadalupe, el secreto de nuestra salvación individual como de una posible cohesión social y cultural.

Sea cierto o no que México quiere decir ´´el lugar donde el Sol y la Luna se unen´´, tan intrigante como poético nombre podría muy bien inspirarnos a pensar que quizá sea aquí, a partir de nuestro México profundo, que el Nuevo Tiempo busca inaugurarse, no sólo gracias a las convenciones que marcan el principio y el final de un año y de una era, sino gracias a las instituciones que pronto nos veremos obligados a inventar ante el evidente fracaso de la civilización industrial, ante las vicisitudes y descalabros así como ante las nuevas posibilidades de reagrupación y ordenamiento abiertos por técnicas de la comunicación. Éstas salvan las distancias en forma menos traumática de lo que lo hacen los vuelos intercontinentales, pero ello sólo en lo que a nuestros cuerpos individuales se refiere: por otro lado, desencadenan traumatizantes acciones en distintas esferas, como la financiera, con todo lo que dicho desarrollo implica.

El cambio institucional exige en primer lugar el reconocimiento público de lo que son las verdaderas ´´necesidades terrestres del cuerpo y del alma´´ que la misma Simone Weil propusiera a nuestra atención hace más de medio siglo (en su proyecto inicialmente concebido para la reorganización de una nueva Francia una vez hubiese ésta quedado liberada de la invasión nazi). (3)

La presencia del Papa a mí en lo particular no ha dejado de causarme ternura y enojo en parejas medidas: Ternura ante el espectáculo de la reciprocidad en el amor y ante el candor de niños, jóvenes y viejos, machos y hembras por igual. Enojo ante las ´´contradicciones ilegítimas´´ en ciertas posturas oficiales de la Iglesia de Roma que más ofenden a quienquiera se encuentre, no sólo ávido de verdad como perfectamente consciente de las mañosas formas de mentir que tenemos los humanos. (4)

Carol Wojtyla, más contundente y nocivamente que el común de los mortales, posee el poder de hacer el bien como el mal a diestra y siniestra. En su gestión como jefe de estado, como monarca y emisario de una milenaria institución cuyos imperativos lo trascienden en lo personal y le obligan a moverse en ciertas direcciones en consecuencia de la dinámica que le es propia al proceso de obtención y defensa de todo poder terrenal --casi siempre en franco desacuerdo con las verdaderas necesidades terrestres del cuerpo y del alma-- el Papa no ha cesado de participar en políticas que lo responsabilizan moralmente del hambre física y espiritual de nuestros pueblos a través del Continente y del globo.

La coincidencia de la entrada en los mercados del ´´euro´´ con esta ambientación psicológica y material más afín a la eventual entrada en escena de una moneda que facilite los intercambios Norte-Sur, que mantenga un balance con otras monedas fuertes como serán el mismo ´´euro´´ y el ´´yen´´ o alguna creación asiática análoga a la europea --capaz de facilitar los intercambios dentro de las distintas regiones y entre ellas-- probablemente no sea el resultado de ninguna casualidad sino que busque, consciente o inconscientemente, ponernos al tanto de los nuevos mapas mentales financieros, productivos, culturales o humanos emergentes y a los que nos vemos obligados a atender con toda la inspiración de la que es depositaria y transmisora esa misma Virgen: inspiración que, más tarde o más temprano, toca a ésos de entre sus hijos que acceden a abrir todos sus sentidos al suave murmullo de las flores que en su seno se gestan.

Depositaria de esos dones que la Virgen otorga a quienes se plantan de lleno en su camino y se disponen a escuchar el bienaventurado canto de las sagradas plantas que Ella nos ofrece tan generosa, placentera y sabiamente por medio de su radiante como atribulado cuerpo: Viéndole a Ud., Papa, tocar a nuestra puerta, me he quedado muy inconforme y como defraudada por no haber sabido, siquiera, qué hacer para lograr compartir ciertos mensajes que siento mi obligación intentar comunicarle, sobre todo en vista de ese manifiesto deseo por parte suya de exponerse a lo que instintivamente presiente Ud. que México puede y debe ofrecerle al mundo y especialmente a usted en estos momentos de su apostolado en vía de conclusión.

Se trata de una visión que va perfilándose poco a poco, desde hace ya muchos años, y que a penas en estas últimas semanas logra definirse de una forma más clara en una mente y en un espíritu que sólo en parte me pertenecen. A pesar de mis muchos pecados, ya al fin sólo a Dios y a la Virgen me debo (por lo cual me siento tan obligada con el mundo) y, a pesar de que por ello quizá mi tarea debería resultar más fácil, también quizá por ello atravesar el espeso muro de la necesidad que nos une y nos separa por igual resulte tan difícil para esta pobre servidora ávida de depositar tan preciosa visión allí donde pueda hacer más bien que mal --recordando igualmente que, en este mundo, el bien absoluto no puede darse sino de forma milagrosa y en muy pequeñas dosis. Por orden de Amor, ya que en términos generales, todo lo bueno aquí abajo se encuentra mezclado de algún mal y sólo si aceptamos que la naturaleza del bien y la naturaleza de lo necesario a menudo difieren, es que podremos evitar mayores males de los que ya nos aquejan.

Esta visión trascendente jamás habría alumbrado en este espíritu si de alguna forma no hubiera disfrutado hace ya muchos años de un período de purificación por medio del ateísmo --siendo que a veces, para entrar plenamente en Dios, o para que Dios se apodere plenamente de nuestra alma, resulta conveniente limpiar sin miramientos nuestra idea misma de Dios. Parecería que Dios crea a partir de la nada y que sólo a partir de la nada logra recrearse en nosotros también.

Para lograr esta purificación de nuestra capacidad de atención es que crecen nuestras plantas sagradas, esas divinas flores de las que México dispone en mayor número que ninguna otra tierra del mundo, si es que tantos estudiosos del asunto han dicho bien: Las ´´rosas´´ de La Virgen, ésas que brillan por su ausencia en el retrato tan debatido y estudiado, como amado, de la Virgen de Guadalupe, no pueden ser sino las ´´flores´´ o ´´plantas de poder´´ --enteógenas, es decir, dadoras de visión divina-- que nuestra Madre nos regala para que, con ellas, podamos limpiar los cristales de nuestros ojos y percibir de forma directa la hermosura del rostro de Dios, su Presencia real junto a la realeza de su Presencia…

Realizar la Encarnación misma es a lo que aspira el ser humano en lo más profundo de su psique y es eso, justamente, lo que la presencia del Papa entre nosotros simboliza –sin que dejara de haber idolatría toda vez que cierta confusión se ampara de nuestro entendimiento, casi inevitablemente, entre lo que sería algo así como la presencia virtual del símbolo y lo que constituye un contacto directo inconfundible con ese mismo Dios que busca encarnar doquier la criatura se lo permita: Y es que para que Dios se muestre en nuestro fuero interno, primero es necesario que una percepción falsa de nosotros mismos y del mundo dé lugar a una visión preclara de nuestro verdadero lugar en el universo.

Es para ello que nuestra Madre nos reserva sus más preciosas flores. Bienaventurados quienes han podido conocer el dulce embeleso que provocan tan pronto el pecado al fin ha sido barrido gracias a sus deslumbrantes castigos: es decir, a su instrucción a la luz de las pruebas que a cada cual nos imponen, según el caso de cada quién, para que podamos rectificar nuestros errores y reintegrarnos plenamente a todo el bien que, paciente, nos espera desde siempre y para siempre: Ave María, gracia plena.

Triste resulta constatar que históricamente, la Iglesia de Roma, a pesar de tantas y tan buenas intenciones, ha sido uno de los factores de desarraigo más truculentos a los que se han visto expuestos los hijos de esta tierra de promisión cuya hermosura sin par persiste no obstante nuestras incontables agresiones contra Ella --la dadivosa Madre que nos cobija, que nos alberga. (4)

Una buena parte del desarraigo físico y espiritual de nuestros pueblos proviene del divorcio que se efectuara, a partir de la Conquista, entre una religión que, pretendiendo ser universal, se dedicó a aplastar, con saña, tradiciones milenarias hoy en gran parte desterradas de nuestro suelo, aunque persistan, y que, de haber sido respetadas al menos en la medida en que ellas también daban muestras de estar en contacto con la Fuente primaria de todo el Bien al que el alma humana universalmente aspira, hubiesen fortalecido el nexo entre Dios y este mundo nuestro que hoy se debate ante una crisis de proporciones tan formidables que tenemos razón de dudar si no será que el Año del Jubileo acabará por ser el del final de toda vida sobre la tierra –de esa ´´vida´´ que defiende Ud. de forma tal que, sin duda, acabará por asegurar su más completa desaparición, tanto en su más radiante esplendor como en su más atroz miseria: La ´´fetichización de la vida´´ ha ido descalificando progresivamente nuestra atención a la realidad, derechos y obligaciones de la persona humana misma.

Pues es esto último lo único que puede esperarse de tratar a ´´la vida´´ como si fuera ella el fin-en-sí y no el vehículo mediante el cual el Amor, la Belleza, la Justicia, y la Verdad un día se amparan de nuestro corazón entero así que podamos realizar, una vez más, nuestro irrenunciable cuerpo de gloria. Tal como ha dicho usted recientemente de la libertad, que es un medio, mas no un fín-en-sí, se hace imperativo decir de ´´la vida´´. Algo muy parecido a lo que sucede con el dinero que, tomado como el fin-en-sí, --en lugar de cómo un medio entre otros para obtener ciertos fines, acaba por destruir el fin mismo para cuya realización ha sido inventado.

Así la libertad y el dinero, así la vida misma convertida hoy en uno de los mayores atentados contra el fin cuya realización debiera servir. Es por lo que las proclamas de su magisterio contra ´´la cultura de la muerte´´, en cierto sentido –si no en todos los sentidos-- resultan huecas a los oídos de quienes constatamos tan ilegítima contradicción en algunas de los dogmas que Roma imparte a los fieles y que la evangelización a su cargo ha perpetrado en contra de las más venerables doctrinas de toda religión bien fundada y de todo ser que honestamente busque vivir en la verdad, en lugar de morir en la mentira. (5)

Que usted quisiera poder morir en la Verdad es lo que su visita a México pone de manifiesto para quienes sean capaces de reconocer que, no por desempeñar Usted el cargo de ´´Su Santidad´´, esté Ud. a salvo del pecado. Su muerte lo ronda y es ella, tan poderosa y magnífica, tan solitaria y personal como la vida misma, la que le impulsa a tratar de encontrar la puerta que al fin le permita entrar en la plena gracia del Señor y de la Señora que en su seno, silenciosamente, habitan.

No hemos de extrañarnos, al fin, que sea desde México que le lleguen esta plegaria y estas reflexiones cuyo objeto sería al mismo tiempo ofrecerle a Usted la oportunidad de recapacitar sobre los dogmas que tanto nos han avanzado por el camino de la destrucción y del desamparo, contribuyendo por medio de semejante reflexión a restaurarle plenamente a la Muerte su justo lugar ante la Vida.

Para que la vida resulte realmente ´´sagrada´´, pues (Vida con mayúscula, vida vital, sana, dispuesta para el milagro de la encarnación que nuestra comunión realiza cuando es comunión verdadera y no sólo simulacro), resulta imprescindible restaurarle a la muerte su justo lugar en nuestras vidas, recuperando para ella el prestigio que le ha sido robado y sin el cual toda vida se encuentra condenada de antemano a desaparecer sin haberse convertido jamás en el fiel espejo de la mirada divina, primer y último objeto de la creación. Y, en lugar de reducirnos a ser parte de una abstracción relativamente banal, como lo es una vida separada o ajena a su primordial objeto, bueno sería que volviésemos los humanos a considerarnos personas en el pleno sentido de la palabra.

El respeto a la persona humana, donde reside el nexo con lo sagrado, exige obediencia a la naturaleza, única forma de controlar sus desafueros, según el decir de Roger Bacon quien tuviera hace muchos siglos ya el gran tino de observar que ´´el hombre ordena a la naturaleza obedeciéndola´´.

Si hemos de ordenar nuestra propia naturaleza, la que nos informa desde adentro como desde afuera, fuerza es que nos pongamos de acuerdo sobre qué es lo que nos está diciendo nuestra Madre, nuestra Tierra Gaía y, en nuestro propio suelo, la ´´Morenita´´ --ésa que nos brinda y nos instruye sobre el adecuado uso de sus flores. Gracias a ellas conocemos la muerte antes de que la misma finalmente nos llegue. Irrevocablemente. Gracias a ellas no tememos morir pues sabemos, o creemos, que todo guerrero bien cumplido habrá de heredar el cielo que alguna vez conoció sobre la tierra: en las gráciles, resistentes y fugaces alas de las mariposas, de los papalotl de nuestra mágica tradición náhuatl, el espíritu realiza su más luminosa, su más radiante ascención. (6)

Es por lo que las flores de la Virgen constituyen la principal garantía de que podremos seguir regresando a beber del fresco manantial de su comarca. Bajo su instrucción será posible cohibirnos de todos nuestros excesos de forma tal que ni el infanticidio ni el aborto resulten necesarios. Si se les ha practicado y se les practica es sobre todo porque se han hecho necesarios de la misma forma que muchos males resultan serlo. El bien como un mal menor.

No por desconocer el principio básico que dice que no siempre lo necesario y lo bueno coinciden, y el hecho de que, a pesar de nuestros deseos, un mal pueda frecuentemente aparecer como un bien relativo ante otro mal mayor, vamos a continuar arreando al rebaño irresponsablemente por el camino cubierto de precipicios por el que nos conducen dogmas ajenos a la verdad, a la justicia, a la razón y a la belleza –esas finalidades que constituyen los pilares del AMOR al que toda alma aspira, sustancia intrínseca del Bien Supremo que es Dios.

La decisión de Roma de unir a nuestro continente en uno solo desde el punto de vista de su propia organización coincide perfectamente con una imperiosa necesidad interna y externa que sentimos todos -–que siempre se ha sentido, a veces más poderosamente, como ahora: la certeza de que América es una, o debe serlo por fuerza de la Razón (aunque sobre todo cuenten las ´´razones del corazón´´), de la geografía, de la distribución demográfica, de que Norte y Sur de muchas formas se complementan. Una ciudadanía municipal e intermunicipal a través del Continente sería la solución a muchos de nuestros problemas: eliminaría, entre otras cosas, el oprobioso status de ´´indocumentado´´, otorgándonos a todos una mayor protección ante las leyes. Lo que hay que inventar y poner a funcionar, sin duda, es un nuevo modelo de ciudadanía capaz de atender a las verdaderas ´´necesidades terrestres del cuerpo y del alma´´ cuya naturaleza estamos llamados a redefinir a partir de nuestros conocimientos más profundos, tan viejos la mayoría como pueden ser nuevos algunos.

Entre los nuevos datos que han sido liberados por la ciencia en relación a la naturaleza humana, se constata que, así como los varones pierden una buena parte de sus aptitudes intelectivas y de procesamiento de la información en lo que ahora llamamos ´´la tercera edad´´, las mujeres de la tercera edad tienden a mantener sus facultades intactas más tiempo mientras preservan aún, e incrementan, el conocimiento que es resultado de la experiencia. Es por lo que en la actualidad resulta más escandaloso que nunca que las mujeres nos veamos excluidas en tan grande medida de los procesos de toma de decisión de nuestros gobiernos.

El nuevo modelo que se contempla, por lo tanto, en consideración de lo que la naturaleza por su propia cuenta dispone -–y que ciertamente sólo a riesgo de exterminio total seguirá siendo desatendido—dispondría de mecanismos garantes de una perfectamente equitativa distribución de puestos de dirección entre ambos géneros. Por lo mismo, no es posible concebir un ´´papado´´ exento de los errores por los que estamos sufriendo todos, ´´católicos´´ o no ´´católicos´´, hombres, mujeres, niños y ancianos, mientras la cabeza o jefatura de la iglesia de Roma no llegue a estar compuesta por dos cabezas complementarias capaces, entre ambas, de percibir más cabalmente la realidad total del mundo en que vivimos, su totalidad primaria.

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ESTE TEXTO HA SIDO RESPETADO EN SU INSPIRACIÓN ORIGINAL CASI PALABRA POR PALABRA. La revisión final del 27 de septiembre de 2001 ha añadido algunas líneas necesarias para una mejor comprensión de lo expresado. SIGUEN LAS NOTAS MARGINALES.

1 Bajo el signo de la mirada de “mis tres vírgenes”: La acuariana (Feb. 3) Virgen Roja, Simone Weil (1909-1943), y al abrigo del manto de la Virgen de Guadalupe y de la Virgen de la Caridad del Cobre, “patrona” de la Cuba de mis antepasados y de la de hoy, venerada bajo el nombre africano de Ochún-Yeyé-Cari tanto por negros y mulatos como por blancos.

2 Sospecho que tan palpable deterioro se debe no sólo al atentado que sufriera hace y muchos años y que sin duda minó su vigor, sino también a su estilo peripatético, tan movido, cosa que en el siglo actual significa un repetido desajuste del horario interno a una edad cuando es mucho más difícil sobreponerse a tales traumas en el organismo –desacomodos que sólo en poco más de medio siglo han llegado a ser posibles gracias a los avances de una tecnología que nos deja crecientemente a la intemperie de lo desconocido.

3 En sus escritos de Londres que incluyen su magna obra, l´Enracinement (recientemente reeditada por la Editorial Trotta de Madrid, bajo el título Echar raíces).

4 y 5. Una contradicción legítima es lo que se llama una ´´paradoja´´: que dos cosas diametralmente opuestas de alguna forma resulten idénticas o coincidan es lo que constituye el fenómeno de la paradoja, para Simone Weil algo así como un acto mental capaz de dejarnos entrar en el ámbito de lo que permanece más allá de la razón y de las palabras --eso que a veces llamamos Dios, mientras que las ´´contradicciones ilegítimas´´ provienen de tratar cosas distintas como si fueran iguales, y cosas iguales como si fueran distintas; esta última necedad de nuestro espíritu incluye el mecanismo mediante el cual tendemos a confundir lo que son medios con lo que justamente puede considerarse el fin-en-sí --que no será sino el bien: contradicción cuyos resultados tienden a ser nefastos para el orden, la justicia, la belleza y la verdad, aspectos de lo que muchos quisieran expresar por el nombre de Dios…

Gaía en la tradición griega que podemos decir nos resulta hoy tan pagana como cristiana: sólo en un espíritu vanamente partidista cabe concebir que lo pagano no esté incluido en lo cristiano y viceversa.

Last Updated on Wednesday, 13 February 2013 17:15